martes, 9 de septiembre de 2014

JEREMY Y YOLANDA 58

María muy sutilmente llevaba a su amiga hacia dónde estaba Jeremy, él permanecía escondido detrás de una furgoneta que había aparcada a pocos metros.
Yolanda se topó de lleno con sus ojos, que la miraban con una mezcla de amor y desesperación.

-¿Qué hace aquí? -Preguntó a sus amigos pareciendo enfadada. Interiormente sintió un vuelco en su lastimado corazón.

Dejándose llevar por un impulso, Jeremy se arrodilló a sus pies.
-Te quiero, Yolanda. Tanto que voy a morir de amor.

-¡Ya será menos! -Dijo ella con un nudo en la garganta. Y acordándose de todo lo que había y estaba sufriendo.

Sus amigos se miraron. Sabían lo que debían hacer en aquellos momentos. Se alejaron de allí,  y a una distancia prudencial los observaban, por si necesitaban de ellos. No querían molestarles, y si, que arreglasen aquel malentendido que les estaba haciendo tanto daño.

Yolanda se puso a llorar muy nerviosa.
-Me has hecho mucho daño, y más sabiendo cuánto te quería.

-¿Querías? ¿ya no me quieres?

-¿Como me puedes preguntar eso? ¿Acaso no te he demostrado lo que siempre he sentido por ti?

-Mi querida, Yolanda. Te amo tanto, que no se vivir sin ti.

-¿Y la otra? ¿Ya no estás con ella?

-Nunca lo he estado, mi amor. ¡Déjame qué te explique! No quiero vivir ni un solo momento sin ti.

-¡Explícate! -Lo dijo en un tono alto, a punto de perder los nervios otra vez.

-Era una invitada de mis padres, ella y su padre. Me acosaba constantemente, nunca quise ni tuve nada que ver con ella. ¿Me crees?

A Yolanda, unos enormes lagrimones le resbalaron por la cara, y qué ella apartó con las palmas de las manos.

Jeremy la abarcó con sus brazos. Ella depositó su rostro en su hombro humedeciéndole un poco la camisa.

Los amigos sonrieron. Habían hecho todo lo posible para que ellos dos estuviesen juntos. 
-¡Bien! -Dijo Israel.

-Toma ya! -Ahora fue María sonriendo.

Los tortolitos se estaban dando un beso de película, sin importarles si alguien los veía.

Cuando se calmasen entrarían en la casa. 

La abuela preparaba tranquilamente la comida.
Autora Verónica O.M.
Continuará

11 comentarios:

silvo dijo...

Me alegro de que quede explicado, hay mucho amor ahí, besines!

Verónica O.M. dijo...

Para silvo
Lo hay, todos somos testigos.
Besos

alexander lopez dijo...

Si!!... No debemos dejarnos llevar siempre por lo externo, por lo que se puede ver nomás... Existe una realidad oculta en la misma realidad.
Un abrazo.

Marinel dijo...

Una historia de día a día, podría ser una cualquiera con todos los ingredientes reales que a veces superan la ficción.
Ternura, amor y desamor y todo ello entremezclado en la dura y fría realidad.
:)
Besos.

amy MaD dijo...

Siempre lo mejor es calmarse y luego hablar, la comunicación es muy importante, me gustó.
Por aquí te visito, un abrazo

Verónica O.M. dijo...

Para alexander lopez
Comparto totalmente tu opinión.
Un abrazo

Verónica O.M. dijo...

Para Marinel
Tienes toda la razón, Marinel.
Cómo la vida misma.
Besos

Verónica O.M. dijo...

Para amy MaD
Bienvenida...
Tienes toda la razón.
Me alegra te guste, gracias por seguirme.
Un abrazo

Josefa dijo...

Muy bonito: Me gustó leer. Que dure la reconciliación.
Un abrazo.

Verónica O.M. dijo...

Para Josefa
Muchas gracias, Josefa.
Que dure.
Un abrazo

Pluma Roja dijo...

Me encanta este encuentro, se despeja el panorama.

Un fuerte abrazo Vero.