jueves, 6 de noviembre de 2014

LAS MONEDAS DE PLATA 10

Amada se estaba poniendo nerviosa, ya que al parecer su padre no tenía intención de tan pronto acostarse. Ya estaba por llegar Rodolfo, y el hombre estaba la mar de fresco.
Subió a su habitación, desde allí la vista le alcanzaba para mirar el camino por el que llegaba.

-¡Por ahí viene! y mi padre no se que le pasa que hoy no le entra sueño.
Bajó la escalera,  y en la planta baja estaba el susodicho tan pancho y haciendo algo...


-¿Que hace, padre?

-Se me rompió algo, y recojo los pedazos.

-¿Y ese charco?

-¡Se me derramó el contenido! y lo limpiaré ahora mismo, cuando con esto termine.

Al parecer, aquello debía ser la pócima que ella le preparó para que se quedase frito, se entiende que dormido...

-¡Mamma mía! sin eso hoy no se duerme. Mi viejo si no es con ayuda, por la noche cuenta ovejitas de una en una, y yo no podría tener citas clandestinas con mi amorcito.

-¿Hija, la pasa algo? la noto un poco nerviosilla.

-Nada, padre, son figuraciones suyas, y estoy cómo cualquier otro día. Por cierto ¿hoy no se acuesta?

-No hija, mía. No tengo sueño, se ve que estos días he dormido tanto que tengo reservas. Me voy a la habitación, que me he acordado dónde una cosa había guardado y que hasta ahora no había recordado.

En esas, que Amada aprovechó para salir al exterior, y muy flojito a su amor llamó.

-Rodolfo, entre por Dios. Hágalo muy despacito, suba a mi habitación que ahora mismo voy.

Hizo lo que ella le pedía. -Y pensó- ¿que le pasará hoy al carcamal, que está despierto a estas horas?

Y en esas, el padre salió con algo en la mano. -Mire, hija, estaba perdido desde hace años, y me he acordado en estos momentos. No se que me pasa, que la memoria estoy perdiendo y por lo que veo hoy también el sueño.

-Padre, con su permiso voy a acostarme. -Le dio un beso en la mejilla, el padre ya se dirigía hacia el exterior, se sentaría en una silla dispuesto a tomar el fresco.

Amada subió la escalera muy deprisa, se pisó el vestido y por poco cae de cabeza por ella.

-¿Que es ese ruido, hija mía?

-Nada, padre. Es que subía medio dormida porque me muero de sueño.

Cuando llegó arriba, Rodolfo la esperaba detrás de la puerta.

-¿Que le pasa a su padre, que no está durmiendo?

-Dice que tiene reservas, de tanto cómo en estos días ha dormido. -Sabía a la perfección que era lo que hacía dormir al padre, pero no era cosa de ir contándola. Al derramarse la pócima no quedaba otra que fastidiarse.

Autora Verónica O.M.
Continuará

4 comentarios:

silvo dijo...

Abusó del sueño del padre, jaja, hay que tener más imaginación para esta vez jaja, besines!

Verónica O.M. dijo...

Para silvo
Muy cierto, jaja
Besos

Armando dijo...

Me parece que el carcamal es más listo que un ratón ja ja ja.
Un abrazo y buen fin de semana.

Verónica O.M. dijo...

Para Armando
Lo parece si, jaja
Un abrazo