martes, 18 de noviembre de 2014

LAS MONEDAS DE PLATA 17

Ya estaba la joven Amada en el balcón de su habitación, desde
allí veía que Rodolfo ya se iba acercando. Y bajó a abrirle el portón. Su padre ya estaría durmiendo. 
Bajó los escalones de dos en dos, deseosa de besar a su amado y llevarlo para la cama.
Lo abrió sin miedo a ser descubierta, suponía que su padre descansaba a pierna suelta.

El hombre no se enteraba de nada, ya que toda su afición la tenía entre sus manos. Hacía ya mucho que la herramienta del sexo no le funcionaba, tenía que aprovechar aquella situación tan inesperada.


Después de besarse subieron hacia el aposento, entraron y atrancaron la puerta, no fuera que su padre se despertase y pudiese entrar. Allí le esperaba el vaso de agua, y el joven con mucha sed se lo bebió en un momento. 
Se desnudaron y al minuto lo notó un tanto extraño, sus ojillos se le iban poco a poco cerrando. -¿Que le pasa?

-¡Tengo mucho sueño! Me echaré un ratito, a que se me pase...


Amada entendió lo que había sucedido. -¿Mi padre que estará haciendo? -Bajó despacito y se puso a escuchar detrás de la puerta de su habitación. Lo escuchó gimiendo. -¡Que guarro! -Subió de nuevo hacia la suya, Rodolfo estaba muy a gusto roncando y del cabreo lo zarandeó. -¡Aquí lo estoy esperando!

El joven no se enteraba, jamás en su vida había dormido tan plácido sueño.

Amada ya desesperada se echó también en la cama, al rato y aburrida se fue poco a poco durmiendo.
A eso de las ocho de la mañana, al entrar los rayos del sol por el balcón y posarse en la almohada de pronto se despertó. Su amorcito seguía durmiendo y todavía cabreada lo volvió a zarandear.

El joven fue abriendo despacito los ojos, el sol le molestaba muchísimo. -¿Dónde estoy? -Y a la par se los restregaba, dejándolos cómo un pimiento morrón.

Amada muy enrabiada no contestó nada.

-Parece que me he dormido. ¿Cómo ha sido?

-No se, vos sabrá.

-Recuerdo que tenía mucho sueño, mis ojos se cerraban sin yo quererlo. 

-Pues marche, que ya son las ocho y no hemos hecho nada.

-No se enfade, que a la noche de nuevo vuelvo.

Bajaron despacito y al pasar por la puerta de la habitación de su padre lo escucharon  roncar, se preguntó por la hora en que se acostaría y dormiría ya que aquel preparado era muy eficaz. 

El hombre hacía media hora escasa que se guardó la herramienta, le echaba fuego de tanto friccionarla y en dos minutos se quedó frito.

Amada abrió el portón y Rodolfo salió, ella muy mosqueada cerró sin decirle ni adiós.


El joven, se fue caminando pero parecía ir flotando al tener todavía sueño. Cuando llegara se acostaría hasta la noche, no pararía ni a desayunar, porque temía dormirse con el bocado en la boca y se podía atragantar.


Al volver a pasar por delante de la puerta y sabiendo a su padre dormido le dijo, -¡Que asqueroso! a sus años gimiendo como un cerdo.

De nuevo en su habitación y de un portazo cerró la puerta, haría lo que le viniera en gana ya que su padre no se enteraba y decidió seguir en la cama toda la mañana pero de muy mal humor.
Autora Verónica O.M.
Continuará

2 comentarios:

silvo dijo...

A Amanda le diría que su padre también tiene derecho, a Rodolfo quizás le venga de perlas ese sueño jaja, besines!

Verónica O.M. dijo...

Para silvo
Es tan egoísta que no te iba a escuchar, jaja
Una cura de sueño, qué envidia me da.
Besos