miércoles, 19 de noviembre de 2014

LAS MONEDAS DE PLATA 18

Rodolfo se iba durmiendo por el camino, deseaba llegar a su mansión para acostarse. Y por fin llegó.
Sin quitarse el calzado se tiró en la cama, y antes de aterrizar encima de las sábanas estaba dormido.

A eso de las cinco de la tarde llegó su amigo. Aporreó la puerta, y al no contestar nadie lo hacía con muchas más ganas y fuerza.

Cómo en sueños, Rodolfo escuchó su voz cada vez más fuerte, y decidió levantarse. Lo hacía con cara rara.

-¿Cómo tarda tanto en abrir? ¿es que dormía?

-¿Vos que cree? Lo que no hacía era jugar a las canicas, vaya preguntita me hace.

-Ya veo, que vos está cabreado. Espero que no sea conmigo.

Decidió contarle lo que le había pasado. -¡Me he quedado dormido! Y a Amada le ha sentado cómo un tiro. Me zarandeaba, pero amigo mio era incapaz de hacer nada. Si le digo la verdad, a este ritmo creo me mata, es tan fogosa... Debí haberme enamorado de otra más modosita, pero amigo en el corazón no se manda.

-Vos tiene un gran problema, toma potingazos para con ella cumplir. Y no entiendo, si lo tomó correctamente le entrase ese sospechoso sueño.

-Cuándo otra vez venga la gitana, le preguntaré porqué eso me ha ocurrido. Pase para dentro que el sueño me desapareció.
Autora Verónica O.M.
Continuará

2 comentarios:

silvo dijo...

Mejor más tranquilidad, a esa no le alcanzo con lo considerado normal y tal vez (al ser artificial la respuesta) no se pueda dar siempre y los resultados son nefastos, besines!

Verónica O.M. dijo...

Jaja, pobrecillo, de seguir así se nos enferma.
Es que Amada es un volcán, jaja
Besos