viernes, 26 de diciembre de 2014

LAS MONEDAS DE PLATA 40

Se hizo de noche entre lloriqueos y suspiros por parte de Vidal, su amigo ya estaba hasta la mismísima coronilla, al parecer el sufridor no tenía ninguna prisa por marchar, así que de pronto y sin vergüenza alguna decidió ponerlo de patitas en la calle. Aunque utilizó cómo supo su diplomacia.                                              
-¡Vos ya debería recogerse! mañana verá las cosas de manera distinta, márchese y se tome un cuenquito de buen vino, ya verá como dormirá calentito y los malos rollos se disolverán solitos. ¡Ande amigo! -Diciendo esto lo empujaba hacia la calle, así que cuándo se quiso dar cuenta ya estaba en la rue. Y de un golpe Rodolfo cerró la puerta, haciendo un buen ruido al echar un cerrojo que medía sus buenos quince centímetros.

-¡Qué pelmazo! a mi que me importa en los líos que se mete este mequetrefe. -Al escucharse le empezó a remorder la conciencia.

-¡Pobrecillo! lo debe estar pasando mal, aunque debería ser más listo. Mira que quererse amancebar con la tal Adelita, un buen zorrón y eso que la tía no vale ni un pimiento. Yo si que tengo suerte con mi amorcito,  lo que le gusta el sexo a la condenada, con ella jamás pasaré hambre. ¿Y que pasará cuando yo ya no pueda? ¡no quiero ni pensarlo! espero que con la edad ese fuego se la vaya apagando...
Autora Verónica O.M.
Continuará

5 comentarios:

silvo dijo...

Hambre no, tal vez hastío, buen cerrojo jaja, besines!

Verónica O.M. dijo...

Hastio, si, también empacho.
Un buen cerrojo, si, ya puesta, jaja
Besos

Nieves dijo...

Ahora lo comprendo, has estado centrada aquí, Y este blog no lo leía yo... ay madre....

:)

Verónica O.M. dijo...

Es cierto, pero también he estado ausente unos días.
Besos

Josefa dijo...

Hasta el más delicioso manjar cansa..