PERSONAJES DE ESTA HISTORIA CÓMICA

Rodolfo y Amada, protagonistas
Vidal, amigo de los dos
Silvestre hombre que le guia, primo de la gitana a la que busca
Niños, pilluelos de los que no te puedes fiar
Encarna, gitana, prima del guia
Cándido, padre de Amada
Otilia, Oti, madame del burdel
Adelita, fulana que hará de Vidal un hombre
Deseo os guste, y os haga pasar momentos divertidos...

martes, 30 de septiembre de 2014

DOLORES 11




Bonito dibujo de internet
novela escrita por mi

Hacía más de cincuenta años de todo aquello.
José, el padre de Dolores y de Julia, se dirigía a un pequeño bar de la aldea, su intención era pasar un rato con sus amigos, conocidos y vecinos. Allí se reunían los varones, bebían cerveza, jugaban a las cartas, y a la vez hablaban de sus cosas.
Justo en la entrada del local, había dos hombres, Zacarías y Alfonso, hablaban entre ellos y reían.
José escuchó parte de la conversación, lo escuchado no le gustó en absoluto.

Zacarías fanfarroneó -Con la mujer de José me acuesto en cuánto yo quiera.

Alfonso le rió la fanfarronería.

Al oír esto, y sin pensárselo demasiado le atacó por la espalda.

-Hijo de puta. Si te acercas a mi mujer eres hombre muerto.

Dicho esto le pegó un fuerte puñetazo, y Zacarías cayó al suelo. Su nariz chorreaba sangre, y en un momento su camisa se empapó de ella.

José entró en el bar, dirigiéndose hacia la mesa en dónde ya lo esperaban impacientes sus vecinos para empezar la partida.

-José ¿te sucede algo? -se lo preguntó el más viejo, pero todos esperaban aquella respuesta. 


-No. Son cosas mías. 

Comenzaron la partida. De vez en cuando, alguno ponía su nota de humor diciendo cualquier tontería. El hombre, quiso parecer natural no consiguiéndolo del todo. Tomaron cerveza, él tan sólo una, no quiso repetir ronda.
Era muy tarde cuándo decidieron marcharse.
Ya en la calle, se despidieron hasta el día siguiente. José echó a caminar, su familia le esperaba.


Andó un corto trecho, y se tropezó con los dos hombres. Al parecer lo esperaban.

Zacarías se le acercó, y con una piedra que tiró con fuerza en su cabeza, le hizo perder la consciencia, abriéndole en ella una gran brecha. Brotaba sangre a borbotones.

Lo arrastraron detrás de unos árboles. Cuando todos hubieran vuelto a sus hogares ajustarían cuentas.
Autora Verónica O.M.
Continuará

domingo, 28 de septiembre de 2014

DOLORES 10



Bonito dibujo de internet
novela escrita por mi

Una gran tristeza asomó a los ojos de la mujer.  -Pero eso no puede ser, ¿quien pudo hacer algo así? 
Las lágrimas caían por su rostro, alguna de ellas se posaba en la comisura de su boca, apartándolas nerviosamente.

-¿Quieres un vaso de agua?

-Si, por favor.

El hombre tardó unos segundos en ofrecérsela. -Toma, bebe.

-Gracias, Luis. -La mujer bebió un poco, y a pequeños sorbos, cómo si quisiese retardar el momento de descubrir algo que sabía iba a ser muy doloroso.
Había algo que ella nunca pudo comprender, su padre amaba a su familia. Siempre intuyó que algo no cuadraba.

Luis esperaba paciente a que ella pidiese continuar.

- Vamos, dime. Estoy preparada para saber.

-¿Estás segura?

-Si. -Aquel si, fue como un pequeño grito de angustia, pero cuanto antes supiese mejor. Ella y su familia habían vivido engañadas mucho tiempo.

Mi padre me confesó esto en su lecho de muerte, le prometí que si alguna vez volvía a veros os lo contaría. ¿Te acuerdas de Zacarías y de Alfonso?

-Creo recordar quienes son.

-Quienes eran. Ninguno de los dos vive ya.

-¿Que tienen que ver ellos en esto?

-Todo. Ellos fueron los que le hicieron aquello.

-¿Pero porque? -preguntó con un nudo en la garganta.

-Parece ser, que tu padre había tenido un encontronazo con ellos.

Aquello fue demasiado para Dolores, la mujer llorando se derrumbó.
Continuará
Autora Verónica O.M.

sábado, 27 de septiembre de 2014

DOLORES 9


Bonito dibujo de internet
novela escrita por mi


Después de pensar mucho, Dolores decidió que tenía que hablar con Luis, no quería que su recuperado amigo pensara que ella no sabia abordar las cosas.
Se arregló un poquito para salir, calzando sus pies con unos zapatos bajos, no quería tropezar y caer. Ya no era joven, así que lo que primaba era su comodidad sobre todas las cosas.
Cuando salía por la puerta, lo hacía una Dolores más que aceptable, a su edad era una mujer guapa todavía.

Fue andando despacito para la casa de Luis, recordaba dónde estaba ubicada. Allí parecía como si el tiempo casi se hubiese detenido, no había habido notables cambios. Fue fácil encontrarla.

Llamó a la puerta, al momento Luis ya la había abierto y estaba a su lado.

-¡Entra, Dolores. -La dejó pasar y cerró la puerta con suavidad.

-Siéntate, hazme el favor.

Lo hizo en una silla, él se sentó en otra frente a ella.

-Quiero que hablemos de mi padre.

-¿Estás segura?

-Si, si lo estoy. Perdona por mi reacción de antes.

-Nada que perdonar, comprendo... Dolores, siempre habéis pensado que él se suicidó.


-Eso fue lo que hizo -lo dijo con un angustiado hilo de voz.

-¿Que pasaría si te dijera que no fue así?

 Dolores empezó a sentirse mal.  Su tensión, se le había disparado en aquellos momentos, su rostro había enrojecido alarmantemente.

-No quiero hacerte pasar un mal rato, en otro momento hablaremos del  tema, ahora no estás en condiciones.

-¿Luis, que es lo que me quieres decir?


-Que no fue él. Fueron otros los que acabaron con su vida.

Continuará
Autora Verónica O.M.

viernes, 26 de septiembre de 2014

DOLORES 8

Bonito dibujo de internet
novela escrita por mi


Dolores quedó muy afectada, y no esperaba que la conversación fuera allí a parar.
-Me he comportado como una niña. ¿Qué pensará Luis de mi?
¿Dónde estás, gatito?

El animalillo estaba durmiendo en un rincón del comedor. Parecía indefenso, aunque a partir de ahora la tenía a ella que lo cuidaría con amor.

Mientras tanto, Luis volvía a su casa. Estaba muy cerca de allí.
Por el camino iba pensando y preocupado. -Debí tener más cuidado. 
Pero ya no había remedio para ello. -Si Dolores no quiere hablar de ello, jamás volveré a sacar este tema. 
Aquellos pensamientos le hicieron sentir mucho más tranquilo.
Abrió la cancela, entró y echó una gran aldaba en la puerta del jardín.
Ya dentro de la casa se sintió muy solo. Nunca había tenido la necesidad de tener una mujer que le hiciera compañía. Cuando Dolores se marchó, pensó que se había ido la mujer de su vida, y que nunca encontraría a alguien como ella. Jamás intentó buscar a otra.
Pero con ella jamás había tenido nada. Se conformaba mirándola y disfrutando de su amistad.

Dolores y su hermana Julia, habían tenido mucho éxito con los chicos del lugar. Algunas de sus amigas se habían echado novio, pero ellas no tenían ninguna prisa para ello.
Continuará
Autora Verónica O.M.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

DOLORES 7

Bonito dibujo de internet
novela escrita por mi

Luis quedó por unos instantes en silencio, miraba de frente a su antigua amiga. Ella a su vez hacia lo mismo.
Dentro de ella sentía que aquello debió ocurrir muchos años antes. Pero pensó, que él no pudo buscarla al no saber dónde hacerlo.

Un mes antes de ella volver, unas personas pintaron, limpiaron, adecentaron la casa y también el jardín. Nunca había estado del todo abandonada. Todos pensaban que la casa había sido vendida.


-¿Dolores te apetece hablar del pasado?


-¿No es lo que estábamos haciendo?


-Si y no. Es otro tema del que te quiero hablar.


-Hazlo.


-No se si te apetece hablar de aquello.


-¿Que es aquello? -
Preguntó  la mujer muy contrariada.

-De tu padre.


La mujer cambió de cara, una gran palidez cubrió su rostro, parecía como si de un momento a otro fuera a desmayarse.


Luis se dio cuenta que no era tan fácil sacar aquel tema. 
-Dolores me voy a marchar, ya seguiremos hablando otro día. Siento haberte perturbado. Vivo dónde siempre.
El hombre se levantó y cerró de un pequeño golpe la puerta, dejaría pasar algunos días hasta que fuera Dolores quien quisiera hablar de ello.
Continuará
Autora Verónica O.M.

martes, 23 de septiembre de 2014

DOLORES 6


Bonito dibujo de internet
novela escrita por mi

Luis miraba como Dolores le ponía la leche, lo hacía en un plato hondo que había sacado del armario de la cocina. El gatito ya en el suelo, pegaba lametones y tenía los bigotes mojados y manchados de blanco.

Había venido, con la intención de traerle al  gato para que no estuviera tan sola. Pero había otra cosa que quería abordar y no se atrevía. Volvieron al comedor sentándose de nuevo.

-¿Quieres tomar algo?


-No, gracias.


-Ahora si me lo permites, seré yo quien te pregunte. ¿Te casaste?


-No.


-¿Y eso?


-No tuve la oportunidad. La mujer que quería se marchó sin decir adiós.


-¿Se marchó? -
Preguntó seriamente.

-Si.


-¿Puedo saber quien era?


-Tú.


Dolores quedó en silencio, aquello no lo esperaba. 
-Nunca me dijiste que me amases.

-Pensé que lo sabías.


-Entonces era muy joven, no pensaba en novios y esas cosas.


-¿Y ahora?


-Ahora es demasiado tarde. ¿No crees?

Continuará
Autora Verónica O.M.

lunes, 22 de septiembre de 2014

DOLORES 5



Bonito dibujo de internet
novela escrita por mi

La casa le producía temor. No porque el padre se hubiera ahorcado en ella. Lo hizo retirado de la casa y en un árbol de la calle. En plena oscuridad.
Antiguamente fue una casa muy alegre. Su madre siempre risueña, su padre una persona muy trabajadora, que sentía delirio por su esposa e hijas.
Ahora  era una casa triste. Vino de vuelta a aquel lugar movida por la añoranza de su niñez, cómo si volviendo allí pudiera recuperar parte del pasado perdido.
Se acostó y dio muchas vueltas en la cama. Agotada cerró los ojos y durmió no más de cuatro horas.

A la mañana siguiente llamaron a la puerta.  Ella todavía no se había levantado.

-¡Ya va, ya va!  -Gritó. Sin duda el visitante no la escuchó ya que seguía llamando. Cogió una bata y se la puso. Despacito abrió la puerta. Los huesos ya no los tenía cómo cuando era joven y debía cuidarlos.

-¡Buenos días! -Luis desde la cancela la miraba sonriente. -Al parecer te he despertado.

-No importa.

-Mira Dolores lo que te traigo. -Traía un gatito muy bonito. -Es para ti.


Ella lo cogió entre sus brazos, mientras el gato maullaba.

-Gracias, Luis. Me vendrá bien tener compañía. Pasa hombre, no te quedes en la puerta.

Entró en la casa. Hacía muchísimos años que no la pisaba, en sus años mozos alguna vez había entrado en ella, pero no demasiadas.

Se sentó en un sillón. La mujer, todavía con el gatito entre los brazos se sentó frente a él.

- Me  he alegrado de que volvieras, Dolores. No pensé volver a verte nunca más. Tanto tiempo la casa cerrada, no podía ni siquiera imaginar que fueras tú. ¿Te casaste? -preguntó muy interesado.

-No.

-¿Como fue eso?

-No encontré el amor.

-No lo entiendo, si eras guapísima. A pesar de los años pasados lo eres todavía.


-Gracias, Luis, tú siempre tan atento. Si parezco un carcamal.

-No digas eso, te encuentro fenomenal.

-Voy a ponerle un poco de leche al gatito. ¿Vienes?

El hombre se levantó del sillón  y la acompañó a la cocina. Miraba a Dolores, y por un momento pensó, que aquella mujer quizá podría haber sido suya de no haberse marchado.
Continuará
Autora Verónica O.M.

domingo, 21 de septiembre de 2014

DOLORES 4



Bonito dibujo de internet
novela escrita por mi

Dolores y Luis se habían encontrado después de muchísimos años, no es que fueran novios ni nada parecido, pero habían simpatizado en sus años mozos.


-Luis, me ha agradado haberte visto, pero sin duda ya es muy tarde, tendremos tiempo para los recuerdos en otra ocasión.

El hombre soltó su mano, que había tenido retenida por unos instantes.

-Me alegro Dolores de tu vuelta, seguiremos nuestra charla otro día. Me voy a recoger que ya es tarde. ¡Ah, una cosa! ¿Estás en la casa, sola?

-¡Lo estoy!

-Antes te gustaban los gatos. ¿Quieres que mañana te traiga uno?

Siempre le habían gustado, sobre todo cuando eran pequeñitos, se veían tan indefensos -Me siguen gustando.

-Mañana tendrás uno.

Después de despedirse, Dolores entró en la casa cerrando la puerta con dos vueltas de llave.
Cenó y al ratito decidió irse a la cama, sin duda no dormiría debido a su siesta.
En su mente acudieron los recuerdos. Se acordó de su progenitor, lo buen padre que siempre fue, y de su madre una mujer de buen ver que estaba locamente enamorada de su marido. Los dos lo estaban.
Su hermana Julia, una chica por aquel entonces muy guapa, llevaba a los muchachos del lugar locos por ella.

Ella misma no se quedaba atrás, pero era mucho más seria, imponía al primer golpe de vista, pero después era francamente adorable.
Ya llevaba un par de semanas en la casa, todavía sentía intranquilidad entre aquellas paredes, pero sería cuestión de irse acostumbrando.
Continuará
Autora Verónica O.M.

viernes, 19 de septiembre de 2014

DOLORES 3


Bonito dibujo de internet
novela escrita por mi

Estando ya dentro de la casa se dirigió hacia la cocina, en el suelo tenía las bolsas que su queridísimo Carlos había traído de la ciudad para ella.
-Buen chico, aunque siempre lo ha sido.

Era un abogado prestigioso, igual que lo fue su padre.
Él fue quien se encargó de buscarles una buena vivienda en la ciudad, además de tramitar innumerable papeleo que precisaban.
La madre, una señora dónde las hubiera, educada y muy cariñosa, pronto se hicieron amigas. Parecían una familia muy avenida, y su amistad duró siempre. Por aquellos tiempos Carlos todavía no había nacido.

Dolores empezó a guardar las cosas en la nevera, y en un armario empotrado que hacía las veces de alacena. Ya todo en su lugar, se sentó en un sillón y empezó a balancearlo.
Se quedó dormida y allí estuvo mucho rato. Cuando se despertó por la ventana se veía que había oscurecido.  Se dijo que no debía dormir a destiempo, ya que por la noche no sería capaz de conciliar el sueño.

Salió al exterior porque no estaba segura si había echado la llave a la cancela. Y estando en ese menester pasó nuevamente aquel hombre.

-¡Buenas noches!  -Dijo con voz timbrada.

-¡Buenas noches! -Contestó ella con una sonrisa en los labios. 

Él en esta ocasión se detuvo, parecía que tenía ganas de hablar

-¿Hace mucho que vive aquí?

-Ahora poco.

-¿Como dice?

-Que ahora llevo poco tiempo.

Él la miró interrogante

Dolores se dio cuenta que no entendía lo que ella le explicaba.

-Nací en este lugar.


Ahora parecía ya comprender...

-¿Quien eres? ¿Dolores o Julia?

-Soy Dolores.

-Y yo Luis. ¿No te acuerdas de mi?

Ella sonrió y sus ojos le brillaban. Recordó, cuando a su hermana y a ella misma los muchachos de la aldea las pretendían.


Se estrecharon la mano. Luis se la sujetó un rato, y a ella parecía no molestarla en absoluto aquel contacto.

Continuará 
Autora Verónica O.M.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

DOLORES 2

Bonita imagen de internet



-¿Carlos, cómo va el bufete?

-Muy bien. La verdad es que no me puedo quejar.

Tus padres, mis queridísimos amigos, sin duda estarían orgullosísimos de ti. Cuando eras niño ya tenías muy claro lo que serías ser. Quiero ser abogado, como mi padre, decías... Todos nos reíamos, pero está visto que no te equivocabas. Siempre se lo comenté a ellos. ¡Este niño es muy maduro para su edad!

-Eras y sigues siendo estupenda. Mi querida Dolores.
Diciendo esto, Carlos le pasó su brazo por encima del hombro, la mujer se sintió muy bien, aquel hombre de excelente fachada desde siempre había sentido un gran cariño hacia ella.

Dolores no sabía lo que era ser madre, pero seguro que en sentimiento, era igual o parecido a lo que ella sentía por él.

-¿Hay algo que pueda hacer por ti?

-Nada, hijo. Todo está bien.

-Ya me tengo que marchar. Estaría horas hablando contigo pero el trabajo me reclama. Volveré el sábado. ¿Necesitas algo en especial?

-Ya sabes que no.

Dio dos besos a la mujer y se despidieron en la puerta. Al momento arrancó su coche, ella con la mano le dijo adiós, él tocó el claxon.

Por la calle caminaba un hombre mayor, de edad similar a la suya. Al pasar a su altura saludó.

-Buenas tardes. -Dijo sonriendo.

-Buenas tardes. -Contestó ella. Después cerró la cancela, se preguntó quien sería aquel hombre tan educado.
Autora Verónica O.M.
Continuará

martes, 16 de septiembre de 2014

DOLORES 1

He estado barajando si hacer un descanso en el blog o continuar...
Hace un tiempo publiqué otra historia (novela) y he pensado que bien merece estar en este blog también. Consta de 28 capítulos, deseo os guste.
Su título, Dolores.
Capítulo nº 1
Bonita imagen de internet


En una pequeña aldea, había venido a vivir una mujer anciana. Nadie sabía nada de ella, y apenas se relacionaba con la gente del lugar. Vivía en una casa que había permanecido cerrada muchísimos años.

Dos veces por semana, venía a ella un señor muy elegante conduciendo un gran coche. Sacaba cosas del maletero que metía en la vivienda de la anciana.
Nadie le saludaba, pero estaban muy pendientes de los dos.
El hombre se daba cuenta del interés que despertaban pero se hacía el disimulado.
-¿Como estás, Dolores?

-Bien, hijo. Pero ya ves, más sola que la una.

-Eso es porque quieres. Ya te dije que no vinieras a este lugar.

-Debía venir, ya lo sabes. Antes de morir quería despedirme del lugar dónde nací.

El hombre a la par que hablaba con ella, iba depositando unas bolsas en el suelo de la cocina.

-Vamos a guardar las cosas.

-Ya las guardaré más tarde.

-¿Necesitas algo más?

-Claro que no, me has traído muchísimas cosas. Seguro no las consumiré todas.

-Pues debes hacerlo. No me gustaría que cayeras enferma.

-A pesar de mi edad, estoy como un roble. No te preocupes por mi.

Él se sentó en un sillón, la anciana a su vez lo hizo en otro frente a él.

-Este lugar no me gusta demasiado. -Dijo él.

-Ni a mi tampoco. Los últimos recuerdos que tengo no fueron nada gratos, pero así y todo deseaba hacerlo. ¿Me comprendes, Carlos?

-Claro. Hace mucho que deseabas volver.

-Cuando mi padre se suicidó, nos marchamos. No vendimos la casa por respeto, como el dinero no era problema para nosotras la cerramos. Mi madre no consintió nunca en volver, estaba muy enfadada con mi padre por haber hecho aquello, dejándonos solas. Mi hermana Julia tampoco, de la casa decía que estaba maldita. La única que siguió teniendo interés fui yo. Siempre he vivido con una espinita clavada aquí dentro.
Dijo señalando con su dedo índice hacia el corazón.
Continuará
Autora Verónica O.M.

domingo, 14 de septiembre de 2014

JEREMY Y YOLANDA 62 Y FINAL

-Yolanda demos un paseo. Tenemos que hablar.

-Está bien, Jeremy.
Yolanda fue hacia la cocina, su puerta permanecía cerrada. Escuchó como trajinaba en ella su abuela. -¿Puedo entrar?

-Claro que puedes, Yoli, pasa. La abuela la miró a los ojos, aquellos brillaban demasiado. Sin duda era cosa del amor.

-Vamos a salir a dar un paseo. ¿Necesitas algo?

-Nada, no necesito nada, id a pasear. Hace una espléndida tarde.

-Te quiero, abuela. -La besó en la mejilla apenas arrugada. La anciana se sintió querida. Y pensó lo agradecida que le estaba a la vida. Tenía una nieta, que a su vez le daría su primer biznieto. Aquello era todo un acontecimiento, no todos lo vivían.

Salieron a la calle cogidos de la mano.
-Jeremy ¿tus padres me aceptarán? ¿Aceptarán a nuestro hijo? 

-No te preocupes por ellos, seguro lo harán, es más no tengo ninguna duda. Serás para ellos una hija más.

-¿Estás seguro?

-Lo estoy.

Sus manos se apretaron más fuerte. Les quedaba toda una vida por descubrir y disfrutar.
FIN
Autora Verónica O.M.
Deseo os haya gustado.


sábado, 13 de septiembre de 2014

JEREMY Y YOLANDA 61

María e Israel, se despidieron a eso de las cinco de la tarde. Se marchaban para dejar a solas a los enamorados. Tenían tantas cosas que decirse...

La abuela los despidió sonriente. -Aquí tenéis vuestra casa, cuando os apetezca ya sabéis.

Al acercarse para besarla un olor muy fresco inundó sus olfatos. 
Besaron a Yolanda también, la carita de ella se entristeció. Pero solo fue unos segundos. Después sus ojos se iluminaron mirando a su enamorado. El amor de su vida, por el que tanto había llorado últimamente.

La parejita se marchó.

La abuela muy discretamente también dejándolos solos. Tenía qué fregar los platos. Cerró la puerta de la cocina. Quería dejarlos con libertad, para besarse, y para llorar si fuese necesario. 

Sus manos se enlazaron, acercaron sus cuerpos sin atreverse a romper aquel  mágico instante.

Fue Jeremy quien lo deshizo. -Mi amor, cuanto he deseado besarte, apretarte, adorarte.

-Jeremy te quiero. -Lo dijo con un hilo de voz, semejante a aquel otro de su infancia.

Se besaron, recreándose y saboreando sus labios. Parecían dos hambrientos de amor.
-Nos casaremos, Yolanda. Tendremos al bebé, que va a llegar de nuestro amor, de nuestra pasión.

Ella sonrió pero unas lágrimas se le escaparon sin querer.

-Mi pequeña, mi amor. Te quiero más de lo qué sabría explicarte.
La besó y compartieron aquellas lágrimas, al dejar el rostro de Jeremy humedecido por ellas.
Autora Verónica O.M.
Continuará

JEREMY Y YOLANDA 60

Un gran aperitivo compuesto por patatas fritas, olivas rellenas de anchoa, ganchitos, mejillones, tacos de jamón, espárragos con mayonesa, y rebanadas de pan de pueblo untado con tomate maduro, y aderezado con un exquisito aceite de oliva virgen, y una pizquita de sal.
La comida, se componía de una gran tortilla de patatas y dos pollos rustidos, con ese toque de brandy tan especial.
-¿Queréis más? -Preguntó la abuela muy solícita.

Todos dijeron que no con la cabeza. Comieron con gran apetito. Después la ayudaron a recoger la mesa, depositando todos los cacharros en la gran fregadera. La mujer los cubrió con agua.

-Abuela, nosotras fregamos.

-Ni hablar. Lo haré más tarde. Ahora vamos que tenemos que dialogar.

La miraron no entendiendo demasiado bien, pero al momento lo entendieron a la perfección.

Volvieron a la mesa, la abuela tomó la palabra.
-Bien. Creo no es muy habitual, que una abuela en estos casos lleve la voz cantante. Eso es tarea de los padres, pero se me ha dado ese permiso. Ya veo que las dos parejitas sois amigos, que es cómo si estuviéramos en familia.

Los cuatro se miraron, después a la abuela, que en aquellos momentos parecía una persona muy importante. Lo era, pero todos me entienden por dónde voy.
-Os queréis, sólo basta miraros.

Su nieta se ruborizó y Jeremy se sobresaltó un poco. Para nada esperaban que fuera tan directa.

-Si, abuela. Lo quiero desde niña.

-La quiero más que a mi propia vida. -Lo dijo en tono alto y claro, pero temblándole un poco la voz.

María e Israel sonreían. Estaban muy contentos, de que sus amigos estuvieran juntos, y que los malentendidos se hubiesen aclarado.

-¿Sabes que mi nieta va a ser madre?

-Lo se.

-Sois muy jóvenes. Quizá más adelante cambiéis de forma de pensar.

Jeremy saltó como un resorte. -Jamás la dejaré de querer. Nuestro amor es sólido. Hace muchos años lo sentimos.

-¿Qué dices, Yolanda?

-Nos queremos desde siempre. Jamás será de otra forma.

-Tenéis mi bendición y la de tus padres. -Lo dijo mirando a su nieta. -¿Y tus padres, que piensan de todo esto?

-No saben nada. Pero hoy hablaré con ellos.

-En mi cuenta del banco tengo algunos ahorros. Una vieja no gasta demasiado, así que los pondré a vuestra disposición para que tengáis un buen comienzo.

A Yolanda se le saltaron las lágrimas. Se levantó de la mesa, se puso por detrás de la silla en la que estaba sentada. La rodeó con sus brazos, después la besó en el pelo.

Jeremy, María e Israel, se sintieron emocionados siendo testigos de tan hermosa escena.
Autora Verónica O.M.
Continuará

jueves, 11 de septiembre de 2014

JEREMY Y YOLANDA 59

La abuela escuchó abrir la puerta. Oyó las voces de los amigos de su nieta. Le llamó la atención escuchar dos voces masculinas. Yolanda la avisó de que vendrían una parejita, pero no más.
Se secó las manos en el delantal. Salió al encuentro de ellos, que ya habían cerrado la puerta de entrada a la casa.
Y sí, habían dos chicos, y una chica muy bonita de la edad de su nieta.

-Os voy a presentar a mi querida abuela.

Los miró con sus ojillos sabios. No se le escapó que su nieta estaba mucho más contenta de lo habitual.
¿Sería Jeremy alguno de aquellos mozos? No iba nada desencaminada. La sabiduría de los años...

-Abuela, esta es María, de la que tanto te he hablado.

María adelantó unos pasos y besó a la mujer. Olía a fresco. Había escuchado que los viejos huelen a rancio. Pero aquella señora rompía esas reglas.
La besó en ambas mejillas. La mujer también hizo lo propio.

Les llegó el turno a ellos. Primero fue Israel. Quería serenarse del todo antes de presentarle a...
-Este es Israel, un buen amigo y novio de María.

-¿Como estás, chico? -Preguntó la abuela sonriendo.

-Muy bien, señora. ¿Y usted?

-Divinamente, muchas gracias.

Ahora si, le llegó su turno. -Es Jeremy, abuela.

-Qué bien que viniste. Estoy muy contenta por ambos. Sentaos.
Todos se dirigieron al sofá, era antiguo pero brillaba de puro limpio.

El ambiente olía a comida recién preparada. Si de algo se vanagloriaba la anciana, era de saber cocinar entre otras muchas cosas.
Autora Verónica O.M.
Continuará 

martes, 9 de septiembre de 2014

JEREMY Y YOLANDA 58

María muy sutilmente llevaba a su amiga hacia dónde estaba Jeremy, él permanecía escondido detrás de una furgoneta que había aparcada a pocos metros.
Yolanda se topó de lleno con sus ojos, que la miraban con una mezcla de amor y desesperación.

-¿Qué hace aquí? -Preguntó a sus amigos pareciendo enfadada. Interiormente sintió un vuelco en su lastimado corazón.

Dejándose llevar por un impulso, Jeremy se arrodilló a sus pies.
-Te quiero, Yolanda. Tanto que voy a morir de amor.

-¡Ya será menos! -Dijo ella con un nudo en la garganta. Y acordándose de todo lo que había y estaba sufriendo.

Sus amigos se miraron. Sabían lo que debían hacer en aquellos momentos. Se alejaron de allí,  y a una distancia prudencial los observaban, por si necesitaban de ellos. No querían molestarles, y si, que arreglasen aquel malentendido que les estaba haciendo tanto daño.

Yolanda se puso a llorar muy nerviosa.
-Me has hecho mucho daño, y más sabiendo cuánto te quería.

-¿Querías? ¿ya no me quieres?

-¿Como me puedes preguntar eso? ¿Acaso no te he demostrado lo que siempre he sentido por ti?

-Mi querida, Yolanda. Te amo tanto, que no se vivir sin ti.

-¿Y la otra? ¿Ya no estás con ella?

-Nunca lo he estado, mi amor. ¡Déjame qué te explique! No quiero vivir ni un solo momento sin ti.

-¡Explícate! -Lo dijo en un tono alto, a punto de perder los nervios otra vez.

-Era una invitada de mis padres, ella y su padre. Me acosaba constantemente, nunca quise ni tuve nada que ver con ella. ¿Me crees?

A Yolanda, unos enormes lagrimones le resbalaron por la cara, y qué ella apartó con las palmas de las manos.

Jeremy la abarcó con sus brazos. Ella depositó su rostro en su hombro humedeciéndole un poco la camisa.

Los amigos sonrieron. Habían hecho todo lo posible para que ellos dos estuviesen juntos. 
-¡Bien! -Dijo Israel.

-Toma ya! -Ahora fue María sonriendo.

Los tortolitos se estaban dando un beso de película, sin importarles si alguien los veía.

Cuando se calmasen entrarían en la casa. 

La abuela preparaba tranquilamente la comida.
Autora Verónica O.M.
Continuará

lunes, 8 de septiembre de 2014

JEREMY Y YOLANDA 56

Capítulo 56
Llegó el ansiado domingo.
Yolanda se levantó temprano. Con los nervios de volver a ver a su amiga apenas pudo dormir. La había llamado el día anterior confirmando de que vendría con Israel, su novio.
Interiormente se alegró por ellos. Pero también se entristeció por si misma. Era tan desgraciada... Sin el amor de su chico. Con el que había pensado algún día formar una feliz familia.
Se duchó y vistió muy mona. Su tejano favorito y un top de colores muy vistosos, que a su rostro daban vivacidad.
El maquillaje apenas era perceptible (nude) Estaba guapísima. 
Al siguiente mes cumpliría los diecisiete.
Después fue en busca de su abuela. La encontró en la cocina, preparando un suculento desayuno para ambas.
Desayunaron y hablaron de cosas no demasiado importantes, pero que llenaron el tiempo de forma agradable.
Sobre las once de la mañana sonó el timbre de la puerta.

-Abuela, abro yo.

Al abrirla...
Encontró a María e Israel esperando con sus amplias sonrisas. Y se abrazaron los tres a la vez. Muy contentos de estar juntos de nuevo. 
Mientras tanto alguien observaba no lejos de allí. Su corazón le golpeaba fuertemente el pecho.

CAPÍTULO nº 57

Desde su escondrijo Jeremy no se perdía detalle.
Había pactado con sus amigos (de él y de Yolanda) entretenerla en la puerta el máximo tiempo posible.

-Entremos... Mi abuela espera dentro.

El cruce de miradas entre ellos le pasó inadvertido.

Fue María quien tomó las riendas de aquella situación un tanto extraña. Todo para que sus queridos amigos estuviesen de nuevo juntos. Se amaban, y aquel malentendido entre ambos les estaba causando un sufrimiento innecesario.
-Si no te importa, desearíamos antes hablar contigo. Después entraremos encantados.

Yolanda asomó la cabeza por la puerta de la casa. -Abuela, vamos a dar una vuelta. Luego entramos.

-Está bien, Yoli.

Con un suave portazo cerró la puerta.

La abuela los observó durante un rato desde una de las ventanas. -¡Estos jóvenes! 
Sonrió acordándose de cuando ella también lo fue. -El tiempo pasa tan rápido. -Y una lágrima, cayó por su mejilla yendo a parar a la comisura de sus labios.
Autora Verónica O.M.
Continuará

jueves, 4 de septiembre de 2014

JEREMY Y YOLANDA 55


Escuchó a su abuela trajinar en la cocina. Se levantó de la cama, y encima de su pijama veraniego, se puso una bata de manga corta de un tono violeta claro.


-Buenos días, abuela. Deja que te ayude.

-No es necesario, Yoli. Siéntate que te sirva el desayuno.

-Te quiero mucho, abuela. La abrazó rodeándola con sus brazos.

La mujer estaba que no cogía en su piel. Tener a su lado a su querida nieta. Tan bonita y cariñosa. Era más de lo que pudo soñar. -Tunanta, yo también te quiero. Y no sabes cuánto...

Las dos desayunaron. Un café con leche y unas magdalenas caseras que había preparado el día anterior.

-Pediré hora para que te visite la comadrona del pueblo. Ya va siendo hora de que lleves un control.

Los ojos de Yolanda se entristecieron, pero sólo por unos pocos segundos. Pensó que su abuela no tenía ninguna culpa de lo que a ella le sucedía. Era culpa del amor. Aquel que sentía por su amigo de la infancia. Su adorado Jeremy, por el que lloraba todas las noches.

La semana paso rápidamente. Se ilusionó pensando que su querida amiga María vendría a visitarla. Quizás su novio Israel viniese también.
Autora Verónica O.M.
Continuará

miércoles, 3 de septiembre de 2014

JEREMY Y YOLANDA 54

A pesar de estar triste, a Yolanda le vino muy bien aquel cambio. Su abuela la agasajaba continuamente y no la dejaba pensar demasiado. Contaba cosas maravillosas de cuando era joven. Podía estarse horas escuchándola sin aburrirse. 
La mujer estaba encantada con su compañía. Pero intuía, que su estancia allí no sería por largo tiempo.
Algo la avisaba. ¿O sería por la preocupación de que su pequeña marchase?

Yolanda permanecía en la cama. Era muy temprano, y no quiso levantarse para no despertar a su abuela. Sabía que tenía el sueño muy ligero.
Miró hacia el techo. Todo su alrededor, estaba enmarcado por una antigua y bellísima cornisa pintada de blanco.
Pensó que aquella era la causa de que la habitación pareciese tan bonita. También por los rayos del sol que se filtraban por las rendijas de la persiana.

Su pensamiento de repente tomó otro derrotero.

-Jeremy, mi amor, ya no me quieres. Eso me hace muy desgraciada. 

Y en otro lugar y habitación. El chico por ella suspiraba.
Pensó muchas veces en lo que le había contado María. ¿Yolanda embarazada? ¿Iba él a ser padre? ¿Porqué ella no se lo dijo? ¿Porqué se marchó? ?Adonde se fue? ¿Sus padres que pensarían de él? ¿De ella? ¿De los dos?
Autora Verónica O.M.
Continuará

lunes, 1 de septiembre de 2014

JEREMY Y YOLANDA 53

No hizo falta decir absolutamente nada. La abuela, ya estaba enterada de lo que debía saber.


La velada la pasaron en armonía. 


Los padres, se fueron sobre las ocho de la tarde. No sin antes abrazar, y aconsejar a su hija de lo que tenía o no que hacer, dado su estado.
Yolanda quedaba al cuidado de la abuela. Ella no permitiría que nada le pasase.

A mitad de semana...
Jeremy llamó a María por teléfono. Estaba preocupado por Yolanda. Hacía días no tenía noticias de ella.

María no sabía si informarle o no. Su amiga la mataría (es una forma de hablar) si ella era imprudente.

-María. ¿Tú debes saber adonde está ella?

-No lo sé, Jeremy.

-Lo sabes. No intentes engañarme. A mi no... Por favor, María. Estoy desesperado.

-Lo siento, Jeremy. No puedo decirte nada. Me lo hizo prometer. -A María no le pasó desapercibida su emoción. Al parecer lloraba flojito.

A ella le sabía muy mal. Pero nada podía hacer para consolarlo.

-Iré a su casa. Sus padres me lo tendrán que decir. Así no puedo seguir.

-No lo hagas, Jeremy. No serás bien recibido.

-¿Porqué María? Nunca les hice ningún mal.

-Ella está embarazada. Nunca me perdonará por decírtelo.

Antes de asimilar aquella noticia inesperada... -Quiero verla. Necesito verla. Dime o llévame adonde está ella.

-El domingo, Israel y yo iremos a visitarla. Intentaré hablarle de ti.

Y así quedaron. De pronto una idea le estaba bailando en su cabeza.
Autora Verónica O.M.
Continuará