PERSONAJES DE ESTA HISTORIA CÓMICA

Rodolfo y Amada, protagonistas
Vidal, amigo de los dos
Silvestre hombre que le guia, primo de la gitana a la que busca
Niños, pilluelos de los que no te puedes fiar
Encarna, gitana, prima del guia
Cándido, padre de Amada
Otilia, Oti, madame del burdel
Adelita, fulana que hará de Vidal un hombre
Deseo os guste, y os haga pasar momentos divertidos...

domingo, 30 de noviembre de 2014

LAS MONEDAS DE PLATA 27

 De camino de vuelta Rodolfo miraba a Vidal, parecía increíble lo contento que iba al haberse por fin estrenado.                          

-¡Rediez Vidal! ni que vos hubiera heredado, que sólo se ha estrenado.

-Vos habla así porque no comprende lo que siento, pensé me quedaría virgen para siempre.

-¿Virgen?

-Sin estrenar, vos me comprende.

-¡Y tanto! vos se explica de maravilla. -¿Y es cierto que volverá mañana?

-¡Si! debo recuperar el tiempo perdido.

-¡Pues amigo, que no le pase nada! Adelita lo dejará más chupado que la pipa de un indio.

-¿Así cómo a vos le dejó Amada?

-¡Más o menos! aunque ella sólo conmigo funciona, no la comparto con nadie que yo sepa.

-A mi me da igual compartir a Adelita, no pienso casarme con esa hembra. Aunque le diré, que en la cama hay que ver lo que sabe. Es una maestra de las buenas

-¡Será buena, no digo que no! pero hay que ver lo pequeñita que es, y el gran trasero que tiene. Debe de llevar unas bragas cómo un enorme saco, le hace dos agujeros laterales y por allí saca las patas tan gruesas que tiene, jaja.

-Ríase amigo si quiere! contra eso nada puedo hacer, pero pienso que habla la envidia que tiene.

-A la noche estaré con Amada, que es más alta, más delgada y mi futura esposa dentro de poco, aunque no tengo demasiada prisa. Sexo ya tengo, espero que el padre estire la pata pronto, ya que vivir con un viejo no me apetece. 

-¡Vos es muy interesado! la verdad es que soy su amigo desde hace tiempo, que sino... Bueno, ya me quedo por aquí, tengo ganas de llegar para lavarme y tumbarme, que tengo agujetas en todo el cuerpo.

-¿Y cómo lo ha hecho para volver tan agujeteado?

-A vos no le contaré, imagíneselo, que experiencia en eso y cabeza para pensar tiene. Hasta otro rato.

-Nos vemos...
Autora Verónica O.M.
Continuará

sábado, 29 de noviembre de 2014

LAS MONEDAS DE PLATA 26

 Y pasó mucho rato y Vidal no bajaba. Rodolfo se empezó a preocupar, muy nerviosamente iba de un lado a otro, hasta que al final y no pudiendo más le preguntó a Otilia. -¿Le habrá pasado algo? 

-No se preocupe, con Adelita está en muy buenas manos además de otras cosas, vos está sin hacer nada quizás por eso el tiempo le parezca más largo. No hace tanto subieron, puede que una hora no más.

Siguió de un lado a otro, si lo llega a saber lo deja allí solo y que se las hubiese apañado. Aunque al momento de aquel pensamiento se arrepintió, para algo existían los amigos si no vaya asquito sería la vida.
Esperó y esperó, hasta que al fin por la escalera tan pancho bajaba Vidal, el joven parecía muy feliz. Sin duda la cosa marchó muy bien.

Detrás bajaba Adelita, la mujer parecía que también iba la mar de contenta, clientes cómo aquel eran para ella cómo para la mayoría de niños los dulces.

-¡Ya era hora! la verdad, es que pensé largarme sin vos de tanto cómo tardaba.

-¡Ya será menos! perdone no le crea.

A eso que Adelita los interrumpió. -Vidal, mañana le espero.

Un ojo guiño a Adelita, con aquel gesto quería decir que al día siguiente le esperase.

Rodolfo casi sin pensarlo habló alto. -¿Cómo que mañana vuelve?

Fue Adelita quien contestó a la dichosa preguntita. -¿Es que debe a vos pedir permiso? ya es grandecito, lo tenía que haber visto en plena faena. Nunca nadie me dio más guerra. -Sin duda aquella batallita la tenía a ella tan contenta.

Otilia intervino también preguntando a Vidal. -¿Cómo le fue caballero?

-¡Muy bien!

-¿Qué puntuación le da a Adelita?

Y sonó cómo un trueno. -¡Un diez!

Las dos mujeres se miraron sonriendo.


Mientras tanto los dos amigos a la calle salían.

-¿Cómo que va a volver?

-¡Ya lo oyó! mañana, pasado, el otro, y todos los otros.

Rodolfo pensó que su amigo se había vuelto loco.

Autora Verónica O.M.
Continuará

LAS MONEDAS DE PLATA 25

Los amigos llegaron a la puerta del burdel que habían inagurado hacía bien poco. Deseaban entrar, pero les daba vergüenza por la inexperiencia, más a Vidal claro está.

Por la calle caminaban dos viejas, una de ellas le decía a la otra.
-¡Mire esos dos! en busca de esas guarras van.

-¡Ay Dios mio! lo que tendremos que ver todavía. -Dijo la otra santiguándose.

Caminaron calle abajo despotricando de ellos y de esas mujeres de vida alegre.

Al final decidieron entrar. La puerta estaba entornada, Vidal entró el primero, el suelo estaba mojado y acabado de fregar, pegó tal patinazo que un poco más se deja allí los sesos.

-¡Vaya impaciencia tiene! -le dijo Rodolfo.

-¡Me he resbalado! vos no sea mal pensado.

Una mujer hizo acto de aparición, los dos se quedaron blancos cómo el papel. ¿Qué hacía la gitana Encarna en el burdel? aunque iba vestida con unas ropas un tanto extrañas.

Rodolfo llevó la voz cantante.

-¡Encarna!

-¡No soy Encarna! esa es mi hermana gemela, aunque con ella no tengo trato desde hace tiempo. Me llamo Otilia, Oti para los buenos clientes. ¿Qué quieren, caballeros?

-Una mujer para mi amigo, sin estrenar viene el pobre.

-Necesita una mujer experimentada, le traeré a Adelita, con ella tendrá una buena estrenada. ¡Esperen un momento!

La mujer con un buen movimiento de caderas y la falda bien corta, se dirigió hacia la puerta que llevaba a una escalera y desde allí grito. -¡Adelita, aquí tienes uno por estrenar!

Vidal se puso rojo como un tomate, y por lo bajito decía a su amigo. -¿Finas y elegantes? Menudo chasco.

-Es lo que escuché, si quiere nos vamos.

-¡Ni hablar! sin estrenar no me voy. ¿Y vos mientras tanto que hará?

-¡Me quedaré por aquí! no se preocupe por mi.

Por la escalera bajaba la tal Adelita.

Vidal en cuánto la vio, no sabía si quedarse o echarse a correr.

La mujer entrada en carnes, muy sonrosadas mejillas, un trasero descomunal y de corta estatura. -Vamos churumbel, que te voy hacer un hombre.

Vidal temblando marchó con ella escalera arriba.

Mientras tanto Rodolfo con Otilia charlando quedó.

La mujer mirando por su negocio intentaba que se acostase con otra de sus fulanas.

Muy digno la decía. -Aquí estoy por mi amigo, no por mi. ¿Estamos?

-¡Estamos, caballero! pero ya sabe dónde encontrarnos si alguna vez necesita de nuestros servicios.
Autora Verónica O.M.
Continuará

jueves, 27 de noviembre de 2014

LAS MONEDAS DE PLATA 24

A la tarde a eso de las siete, llegó Vidal amigo de Rodolfo, la puerta estaba abierta, así que el joven entró. 
-Rodolfo, Rodolfo -llamó.

El susodicho estaba en su  cuarto, le pareció escuchar a Vidal llamándole. Asomó la cabeza por entre la puerta, se lo encontró mirando para todos los lados, ya que no sabía por dónde el otro andaba. -¡Ya bajo! estaba guardando algunas cosas.


Bajando la escalera se quejó. -¡Ay, ay, mis piernas!


-¿Qué le pasa en ellas?


-¡Me tiemblan! seguro es por falta de vitaminas.


-Vos se desgasta demasiado. -Dijo con un poquito de envidia, ya que el pobre no había forma de estrenarse.


-¿Qué le trajo por aquí?


-Venía a pedirle consejo. -Dijo un poco aturdido y avergonzado.


-¿Cual consejo?


-Amigo me cuenta sus escarceos, le confieso ello me pone los dientes largos, vos mucho meneo y yo sin desprecintar.


-¿Celos?


-¡Celos no! solamente me da rabia, que vos esté hasta escocido de tanto darle gusto al cuerpo, y yo no encuentro a nadie que quiera conmigo darme un gustito.


-Pues eso no está bien, amigo mio. Podía haberse estrenado si tanta prisa tenía. Se de buena tinta, que en el pueblo pusieron un burdel de mujeres finas y elegantes. Si vos quiere le acompañaré, no vaya a ser que se pierda. ¡Yo no lo necesito! ya que Amada me tiene sin descanso ni en fiestas, pero vos seguro que encuentra una para estrenarse en cuánto quiera.


-A ser posible ahora mismo. -Dijo rojo hasta las orejas.


-¡Que impaciencia! pues sea...

Autora Verónica O.M.
Continuará

miércoles, 26 de noviembre de 2014

LAS MONEDAS DE PLATA 23

La gitana se dirigió hacia la mansión de la joven Amada. Fue     discreta y se escondió detrás de un árbol, y empezó a hacer gorgoritos cómo un canario, su canto era un tanto extraño ya que parecía que aquel pajarillo estuviese enfermo.

La joven se dio cuenta enseguida, que aquel canto salía de la garganta de la gitana, desde el balcón y con la mano le hizo un gesto para que esperara.
Su padre estaba pachucho y con algunas décimas de fiebre, se había acostado, de eso ya hacía un buen rato.
No había peligro de que se levantase,  pues cuando se acostó estaba tiritando, y todo hay que decirlo cómo mal enfermo nadie le ganaba -eso era lo que ella pensaba.

Al momento ya tenía el portón abierto, la gitana no se atrevía a salir de su escondrijo, hasta que Amada le diera su permiso.

-¡Hola, Encarna!

-¡Hola, joven Amada! ¿y su padre?


-No tema, mi padre está en la cama. Hoy le entró la tiritera, se había acostumbrado a salir a tomar de noche el fresco, se ve que cogió frío, pero seguro que en dos días estará dando brincos.

-Ya sabe que las hierbas para mi no tienen secretos, pero tampoco los sueños, de estas cosas un rato entiendo, me viene de mi tatarabuela. Creo que en alguna ocasión ya le he había hablado de todo esto.

-¡Es cierto! más de una vez vos me lo dijo. ¿porqué me lo vuelve a repetir?

-¡Muy sencillo! he soñado que vos ha cometido una gran equivocación.

Amada no entendía lo que la mujer le decía.

-Lo que intento decirle, es que a su padre le dio la poción de su enamorado y a él la de su santo padre.

Amada se sonrojó al ser descubierta. -¡Es cierto! pero no fui yo, mi padre cogió el vaso equivocado, accidentalmente Rodolfo el otro se tomó, me dí cuenta ya que le entró un gran sopor y al momento un profundo sueño.


-¿Y su padre, notó los efectos?

-¡Claro! la verdad es que oírlo me daba vergüenza, ya me dirá un hombre de su edad. Si ya está con una pata casi camino del cementerio.

-Pues si es así déjelo que disfrute, que lo que se lleve a la tumba ya nadie se lo podrá quitar.

Y allí estuvieron un rato, y compró lo que en otras ocasiones, mitad para su padre, mitad para él, y despidiéndose de la gitana se marchó para dentro.
Al pasar por la habitación de su padre escuchó detrás de la puerta, se le oía quejándose lastimosamente.

-Está bien, padre?

-¡No muy bien! me parece que de esta no salgo.

-Le preparo algo?

-Me conformo con una tila muy calentita.

Le preparó una cocción de tila, y le echó un buen chorro de vino, y se lo llevó a su padre enfermo. Al momento se quedó dormido cómo un angelito un tanto mayor.
Y ella en su habitación se encerró.
Autora Verónica O.M.
Continuará

martes, 25 de noviembre de 2014

LAS MONEDAS DE PLATA 22

 Y poco más o menos así pasó la semana. Hasta que llegó el día que vino de nuevo la gitana Encarna. Al llegar, pegó tal grito que Rodolfo se asustó al escuchar semejante alarido. Se notaba que por las noches hacía gárgaras. ¿De que? probablemente de limón.             
-Ya voy, ya voy Encarna. -El joven abrió la puerta, y salió al exterior. La gitana nunca entraba en las viviendas de sus clientes, prefería quedarse fuera.

-Que va a ser hoy?

-La verdad es que no lo sé, si le digo la verdad Encarna, el otro día me quedé dormido, eso fue muy raro, yo quería mantenerme despierto pero fue misión imposible. Ella se enfadó conmigo, ¿ya me dirá que me pudo pasar? ¿o es que esa poción ya no surte el mismo efecto?

La mujer ya se había hecho un juicio de valor, aunque no podía decir nada, su clienta Amada tendría mucha culpa de eso, ya se encargaría ella más tarde de saber que es lo que allí había sucedido.

-¿Que va a ser hoy? -volvió a preguntar impaciente.

-Si  me dice que no me pasará más, unas cuantas latas de lo mismo, aunque si le digo la verdad, ayer no tomé nada y quedé cómo un sultán. Aunque mejor quedaré si me tomo algo, ya que de esa manera voy sobre seguro, aunque lo del otro día no se me ha olvidado todavía pero espero que a ella si, ya que lo de anoche fue digno de inmortalizar.

-Si me lo permite, a simple vista Amada no parece ser como vos dice, si parece muy poquita cosa.

-Eso es porque no la conoce, en el dormitorio es cómo una leona, si uno se descuida sale con lametones y mordiscos.

-¿Y quiere decir que a vos interesa una mujer tan depredadora?

-¡Pues claro que si! me calienta tanto que no necesito ni manta en invierno, me hace sudar a mares, aunque cuando salgo a la calle algún resfriadillo engancho, pero espero pronto con ella poder casarme, así no tendré que visitarla a escondidas, y podré cenar con ella al lado de un buen brasero.

-Pero tendrá vos un suegro.

-Me da igual Encarna, pienso que ya es muy viejo y no creo que dure demasiado el pobre.

-Creo que tiene unos sesenta -dijo la gitana.

-Esos son demasiados, cómo mucho que dure uno, dos a lo sumo. Después me casaré, porque viejos no quiero aguantar.

La gitana le entregó unas cuántas pequeñas latas, que Rodolfo tuvo que dejar en el poyete de la ventana. Le entregó cinco preciosas monedas de plata, la gitana al verlas se le iluminó la cara. Le vendió agua del río, ya que no se atrevía a venderle otra cosa. Con lo que Amada le suministraba ya tenía suficiente, no quería llevar en su conciencia que un día se quedase tieso. ¿Tieso? quise decir muerto.

-Ya me tengo que marchar, otro día le traeré más. Adiós joven.

-Adiós, Encarna. -Entró y se dirigió a la cocina dispuesto a guardar aquello.
Autora Verónica O.M.
Continuará

lunes, 24 de noviembre de 2014

LAS MONEDAS DE PLATA 21

Rodolfo ya venía por el camino, andaba un tanto preocupado ya que no se había tomado nada y no se fiaba.
El día anterior se había quedado dormido, no pudo evitarlo y esperaría a que viniera de nuevo la gitana Encarna, le preguntaría que le podía haber pasado para haberse quedado frito, ¿frito? dormido, eso es.
Tenía miedo a fallar, Amada era tan ardiente que si lo hacía lo mandaría a paseo, estaba muy seguro de ello.

Ella ya lo esperaba en la puerta. -¡Entre! mi padre duerme como un niño, no se despertará hasta mañana bien tarde.

-Amada ¿y cómo lo sabe? bien podría despertarse, aunque parece que vos sabe algo y lo lleva en secreto.

-¿Vos cómo me dice eso? En mi defensa diré que mucho le conozco, que para eso es mi padre. 

Y subieron las escaleras de dos en dos, pronto estuvieron en la habitación. Cómo siempre atrancó la puerta, tenía plena convicción de que su padre no se despertaría, pero por si acaso.

Rodolfo estaba nerviosillo, mientras Amada se desnudaba. Echándole el ojo se puso febril, notaba cómo el calzón demasiado le tiraba.
Se desnudó también y se tumbaron encima de la cama, al poco ya estaban su pasión consumando. ¿Sólo pasión? Bueno también amor, cómo no...
Rodolfo sudoroso parecía un toro bravo, se estaba portando cómo todo un vicioso, ella estaba encantada y parecía que hoy iba a quedar superior.
Se besaron con pasión, a los cinco minutos ya estaban otra vez preparados.
Cuándo salía por la puerta, lo hacían abrazados. Se echaron besos hasta que Amada cerró el portón.
Pasó por la habitación de su padre y escuchó sus fuertes ronquidos. Y tomándole el pelo, dijo en voz alta. -¡Padre! me voy a la cama, que estoy cansada de tanto darle gusto al cuerpo, vos seguro que no me entiende ya que es demasiado viejo. -Marchó para su cuarto muy contenta.
Autora Verónica O.M.
Continuará

sábado, 22 de noviembre de 2014

LAS MONEDAS DE PLATA 20

Por la tarde estaba mucho más tranquila. Pensó que lo que hacía no estaba demasiado bien, y decidió con pena que aquella noche no echaría al agua de Rodolfo nada. A su padre por supuesto le pondría cómo siempre, para que pronto se durmiera y no tuviera que pasarse la noche en vela. No por nada, sino porque lo quería retirado a su habitación, para que no se enterara de lo que hacían.
Dejó el vaso del padre cerca para que lo viera.

Y eso ocurrió a las nueve de la noche, lo cogió y llevó para afuera. Se mojó los labios y con la lengua se relamió, pensó que el agua últimamente sabía mucho mejor. Y su hija, que atenta, se la ponía cerca para que no tuviera ni que estirar los brazos para buscar el vaso en la alacena, ni sacar agua del pozo, ya que de eso se encargaba ella.
Cogió de nuevo el vaso y de un trago se la bebió toda. Al pasar un rato ya estaba bostezando. Entró para dentro, Amada ya tenía la mesa puesta.

-¡Padre, vamos a cenar! espere que le aparte la silla, parece que hoy no tiene demasiada fuerza. -Dijo con recochineo.

-No voy a cenar, estoy muerto de sueño. Mañana cuándo me levante comeré lo que vos me guarde. -Y con esas se fue a la cama, últimamente menudo desbarajuste en todo llevaba.

Cenó sola, un plato de sopa y una enorme chuleta, por lo menos se daría el gusto de cenar cómo una glotona. No la veía nadie, y si engordaba demasiado cada mañana haría unas cuántas abdominales.
Cenó y llevó los platos a la cocina, el de su padre lo guardó en la fresquera, el suyo lo metió en el fregadero. Salió de la cocina y cerró la puerta. 
Al pasar por la habitación del padre, lo escuchó cómo roncaba y dedujo que no despertaría en horas.
Autora Verónica O.M.
Continuará

viernes, 21 de noviembre de 2014

LAS MONEDAS DE PLATA 19

Y se quedó en la cama, pensaba hacer bien poco aquel día. Su padre seguro que toda la mañana dormiría, el hombre al ser tan mayor y haberse desgastado tanto la noche anterior, tendría agujetas en todas partes.

A las doce del día, ya estaba hasta las narices de tanta cama, su estómago le rugía y se metió derechita hacia la cocina, con el pensamiento de hacerse una enorme tortilla.

Se la hizo de tres huevos, y la metió en media barra de pan. Y allí mismo se la comió, pensó que aquello engordaría mucho, pero que más daba.... así Rodolfo tocaría más carne. Y con ese pensamiento se la comió. La verdad es que casi fue tragada, y pensó que la culpa era de los nervios.

Cándido, su padre,  durmió de un tirón. A eso de las seis de la tarde se levantó, tenía unas ojeras que le llegaban hasta el suelo, de un color azulado que metía miedo. Se tropezó con su hija, ella al verlo tan demacrado se asustó.

-¡Que susto, padre! vos parece un vampiro. -Que le ha pasado, para tener esa cara?

Cómo pillado infraganti, se hizo el enfermo. -Ay hija, que noche más mala que he pasado.

De reojo lo miraba, y por lo bajito se dijo. -Será sinvergüenza, si se la pasó haciendo guarradas, -pero a su padre nada dijo, aunque le quedaron ganas... -Y mi amorcito durmiendo. ¡Hay que ser gafe! me quedé compuesta, cabreada y sin sexo.
Autora Verónica O.M.
Continuará

miércoles, 19 de noviembre de 2014

LAS MONEDAS DE PLATA 18

Rodolfo se iba durmiendo por el camino, deseaba llegar a su mansión para acostarse. Y por fin llegó.
Sin quitarse el calzado se tiró en la cama, y antes de aterrizar encima de las sábanas estaba dormido.

A eso de las cinco de la tarde llegó su amigo. Aporreó la puerta, y al no contestar nadie lo hacía con muchas más ganas y fuerza.

Cómo en sueños, Rodolfo escuchó su voz cada vez más fuerte, y decidió levantarse. Lo hacía con cara rara.

-¿Cómo tarda tanto en abrir? ¿es que dormía?

-¿Vos que cree? Lo que no hacía era jugar a las canicas, vaya preguntita me hace.

-Ya veo, que vos está cabreado. Espero que no sea conmigo.

Decidió contarle lo que le había pasado. -¡Me he quedado dormido! Y a Amada le ha sentado cómo un tiro. Me zarandeaba, pero amigo mio era incapaz de hacer nada. Si le digo la verdad, a este ritmo creo me mata, es tan fogosa... Debí haberme enamorado de otra más modosita, pero amigo en el corazón no se manda.

-Vos tiene un gran problema, toma potingazos para con ella cumplir. Y no entiendo, si lo tomó correctamente le entrase ese sospechoso sueño.

-Cuándo otra vez venga la gitana, le preguntaré porqué eso me ha ocurrido. Pase para dentro que el sueño me desapareció.
Autora Verónica O.M.
Continuará

martes, 18 de noviembre de 2014

LAS MONEDAS DE PLATA 17

Ya estaba la joven Amada en el balcón de su habitación, desde
allí veía que Rodolfo ya se iba acercando. Y bajó a abrirle el portón. Su padre ya estaría durmiendo. 
Bajó los escalones de dos en dos, deseosa de besar a su amado y llevarlo para la cama.
Lo abrió sin miedo a ser descubierta, suponía que su padre descansaba a pierna suelta.

El hombre no se enteraba de nada, ya que toda su afición la tenía entre sus manos. Hacía ya mucho que la herramienta del sexo no le funcionaba, tenía que aprovechar aquella situación tan inesperada.


Después de besarse subieron hacia el aposento, entraron y atrancaron la puerta, no fuera que su padre se despertase y pudiese entrar. Allí le esperaba el vaso de agua, y el joven con mucha sed se lo bebió en un momento. 
Se desnudaron y al minuto lo notó un tanto extraño, sus ojillos se le iban poco a poco cerrando. -¿Que le pasa?

-¡Tengo mucho sueño! Me echaré un ratito, a que se me pase...


Amada entendió lo que había sucedido. -¿Mi padre que estará haciendo? -Bajó despacito y se puso a escuchar detrás de la puerta de su habitación. Lo escuchó gimiendo. -¡Que guarro! -Subió de nuevo hacia la suya, Rodolfo estaba muy a gusto roncando y del cabreo lo zarandeó. -¡Aquí lo estoy esperando!

El joven no se enteraba, jamás en su vida había dormido tan plácido sueño.

Amada ya desesperada se echó también en la cama, al rato y aburrida se fue poco a poco durmiendo.
A eso de las ocho de la mañana, al entrar los rayos del sol por el balcón y posarse en la almohada de pronto se despertó. Su amorcito seguía durmiendo y todavía cabreada lo volvió a zarandear.

El joven fue abriendo despacito los ojos, el sol le molestaba muchísimo. -¿Dónde estoy? -Y a la par se los restregaba, dejándolos cómo un pimiento morrón.

Amada muy enrabiada no contestó nada.

-Parece que me he dormido. ¿Cómo ha sido?

-No se, vos sabrá.

-Recuerdo que tenía mucho sueño, mis ojos se cerraban sin yo quererlo. 

-Pues marche, que ya son las ocho y no hemos hecho nada.

-No se enfade, que a la noche de nuevo vuelvo.

Bajaron despacito y al pasar por la puerta de la habitación de su padre lo escucharon  roncar, se preguntó por la hora en que se acostaría y dormiría ya que aquel preparado era muy eficaz. 

El hombre hacía media hora escasa que se guardó la herramienta, le echaba fuego de tanto friccionarla y en dos minutos se quedó frito.

Amada abrió el portón y Rodolfo salió, ella muy mosqueada cerró sin decirle ni adiós.


El joven, se fue caminando pero parecía ir flotando al tener todavía sueño. Cuando llegara se acostaría hasta la noche, no pararía ni a desayunar, porque temía dormirse con el bocado en la boca y se podía atragantar.


Al volver a pasar por delante de la puerta y sabiendo a su padre dormido le dijo, -¡Que asqueroso! a sus años gimiendo como un cerdo.

De nuevo en su habitación y de un portazo cerró la puerta, haría lo que le viniera en gana ya que su padre no se enteraba y decidió seguir en la cama toda la mañana pero de muy mal humor.
Autora Verónica O.M.
Continuará

domingo, 16 de noviembre de 2014

LAS MONEDAS DE PLATA 16

A las nueve de la noche el padre de Amada salió al exterior, con una silla en la mano dispuesto a estar un rato a la fresca.

Su hija aprovechó para meterse en la cocina, con la intención de preparar dos vasos de agua, uno para su padre y el otro para Rodolfo, que últimamente deberían cambiarle el nombre. Parecía más un bravo semental. Cuándo se quiso dar cuenta y detrás de ella, escuchó la voz de su padre que por poco la descubre. -¿Que quiere padre? -Su pregunta salió un tanto temblona...

-Tengo una sed increíble, cogeré este vaso de agua. -Cogió el vaso que más cerca le quedaba. Y salió con el en la mano.

Se quedó un rato dudando. -¿Que vaso cogió? Me parece que el correcto. El que quedaba lo llevó para su habitación, colocándolo encima de la mesilla de noche.

El padre de dos sorbos se lo bebió. ¡Que rica que está hoy el agua! -Al momento sintió algo muy extraño,  ya que por la entrepierna algo le iba rozando. -¡Milagro! -Y en forma marchó para su cuarto y se dedicaría a jugar un rato. De emoción los ojos de lágrimas se le llenaron.

Amada también salió al exterior y en busca de su padre. -¡Padre! -Llámó y nadie contestó. -Mosqueada entró dentro, y se dirigió para la habitación del padre. Con los nudillos llamó en la puerta. -¡Pom, pom!

El padre que estaba con aquello entretenido, al oír la voz de su hija y el pom pom descrito se puso muy rojo y nerviosillo.

-Padre. La cena ya está en la mesa.

-Cene sola. No me encuentro bien.

-¿Quiere una manzanilla?

-Hija, no se preocupe por mi. Seguro que mañana ya estaré bien.

-Que descanse.

-Vos también. -Aquello parecía un milagro, su herramienta no estaba oxidada y cómo respondía la muy vivaracha. - Sus manos olían cómo a pescado...

A lo lejos y por el camino venía Rodolfo muy despacito, haría tiempo para que el viejo ya estuviese durmiendo,  y no escuchara el ruido del portón abriendo.
Autora Verónica O.M.
Continuará

viernes, 14 de noviembre de 2014

LAS MONEDAS DE PLATA 15

La gitana llegó al domicilio de Amada,  no sabía si el padre andaba por allí, así que muy discretamente se escondió detrás de un árbol e imitó el canto de un pájaro.

La joven estaba encima de la cama meditando, al oír aquel canto tan extraño y mosqueada salió al balcón, Encarna asomaba un trozo de su colorido vestido y la mitad de su cara.

Con gestos le dijo que esperara, y que ahora bajaba. 
-¡Qué bien que vino! Ya casi no me quedaba...

-Por eso vine, pensaba que muy poco ya le quedara. -¿Que me va a comprar hoy?


-Para él y para mi padre, ya vos sabe... -¡Ah, por cierto! se le derramó por el suelo, no durmió en toda la noche, yo quería preguntarle a vos ¿el brebaje ese, engancha?


-¡Sería casualidad, joven Amada! su padre no dormiría por otra cuestión. Y no, no engancha, lo sabré yo...

-Lo de mi amorcito ¿le hará daño? por ahí oigo que otros no lo hacen tanto. Y yo quería preguntarle también, ¿será malo para su salud a la larga?

-¡Ni a la larga, ni a la corta! esto le sirve para estar siempre en forma, ya sabe que de estas cosas entiendo más que nadie, me viene de nacimiento. Mi tatarabuela Encarna, era la mejor de los alrededores en cuestión de plantas.

Le vendió para los dos hombres de su vida, ya sabéis... Rodolfo y su padre, ¿padre de él? No, claro que no. De ella, quien sino...

Dentro de un rato, tendría que echarlo en dos vasos de agua.
Primero para su progenitor y para que pronto se durmiera, más tarde para su amor, ya que en la cama debería cumplir cómo el que más. Se dijo que no hacía mal, al contrario, su padre debería darle las gracias ya que conciliaba muy pronto el sueño. Y no debía contar ovejitas cómo hacen otros viejos.
Rodolfo debería también agradecer, era más potente desde que ella le suministraba aquella solución de extrañas plantas, ya que siempre estaba en forma y pidiendo guerra.

La gitana recibió cinco monedas que de plata eran. -Las miró antes de meterlas en uno de sus grandes bolsillos. Le parecieron menos brillantes que las que momentos antes había recibido de aquel pardillo, mejor dicho de su nuevo cliente.

-Hasta otro día, joven Amada.

-Hasta otro día, Encarna.
Autora Verónica O.M.
Continuará

miércoles, 12 de noviembre de 2014

LAS MONEDAS DE PLATA 14

Al rato, llegó la gitana con un gran atillo cargado a su espalda.
Se hizo notar con un gran grito.

Los amigos salieron al momento.

-Señora gitana la estábamos esperando. -Dijo Vidal. Aquella dirección el mismo se la había dado.

-¡Aquí estoy dispuesta a vender de todo!  -¿Cómo le fue aquello? -Preguntó a Rodolfo.

-Muy bien, aunque me parece bastante fuerte. Estoy siempre enrampado. -Diciéndolo dirigió la vista hacia abajo, ya sabéis...

-No es muy normal. Lo entiesa un rato, pero normalmente se baja pasadas una o dos horas. ¿Cuánto se toma?

-Me tomé la mitad del preparado.

La gitana desconfió. Y mentalmente se dijo, que parecía que se tomara doble dosis. -¿Puedo saber quien es ella?

-Señora gitana, esas cosas no se preguntan.

-Si lo pregunto es por algo, yo ya me entiendo.

-Se llama Amada.

-Pensó -¡Ay señor! -De haberlo sabido, le hubiese vendido agua del rio, entre lo que él había tomado y lo que Amada por su cuenta le había metido, no entendía cómo no había reventado. A pesar de ello le vendió otros tres, y quedaron para la próxima semana.

-¿Y vos, no se decide a comprarme algo? -La pregunta ahora iba dirigida a Vidal.

-Cuando necesite ya la avisaré señora gitana, de momento no tengo doncella que me atosigue en esos menesteres.

La mujer se despidió muy contenta, y se metió las monedas de plata en los bolsillos con las cuales había sido pagada. -¡Ay que majas, brillan como recién abrillantadas! 

Encarna ahora se dirigía al domicilio de Amada, una clienta muy buena y que debía cuidar para no perderla. -¡Hoy si que voy a hacer negocio!
Autora Verónica O.M.
Continuará

lunes, 10 de noviembre de 2014

LAS MONEDAS DE PLATA 13

El pobre Rodolfo se sentó en una silla nada más llegar. -¡Que cansado vengo! y las piernas cómo me tiemblan. -Nunca llegó a imaginar que Amada fuese tan ardiente, a simple vista parecía tan poquita cosa... Y se lavó como pudo, tenía agujetas hasta en el trasero. 
Se dirigió a la cama dispuesto a echar un sueño, pero con la flojedad de piernas sería tarea casi imposible.
Se mantuvo quieto y con los ojos cerrados, pero el sueño no vino a su encuentro. Se levantó de mal humor, y a eso de las cinco su amigo Vidal llegó.

-¿Puedo entrar?

-¡Pase, amigo!

-Buenas tardes, Rodolfo. -¡Que mala cara tiene!

-Es que no pegué ni ojo, y las piernas me tiemblan cómo un flan.

-Y eso porqué? -preguntó Vidal muy asombrado, pero más lo estaría al confesarle su amigo el porqué de ello.

-Me parece que Amada es bastante viciosilla, me dejó hecho fosfatina y por poco nos pilla el carcamal de su padre. Vine todo el camino de vuelta corriendo. Me metí en la cama y no pude dormir, ya que me dolía hasta el trasero. Si me lo llegan a decir no me lo creo.

-Vine a decirle,  que dentro de un rato vendrá Encarna la gitana , ya le dije que viene a domicilio. ¿Cómo le ha ido con aquello? 

-Bien, demasiado bien diría yo. Esto no se baja ni queriendo, parezco un semental.

-Para mi que no tiene que ser bueno, ese apéndice todo el tiempo tieso.

-¿Y que quiere que haga? Si es más ardiente que una brasa.

-Debería hablar con ella, que el sexo de tanto hacerlo se desgasta.

-¡Menudas tonterías dice, amigo! Se ve que no sabe de lo que habla. ¿Con cuántas doncellas se ha acostado?

Su amigo Vidal muy avergonzado le confesó. -¡Con ninguna!
Autora Verónica O.M.
Continuará

domingo, 9 de noviembre de 2014

LAS MONEDAS DE PLATA 12

El padre salió de su habitación, y se encontró a su hija subiendo el primer peldaño de la escalera. -¿Hija, no estaba durmiendo? ¿que hace por aquí abajo?

Amada se puso roja igual que una amapola.  -Es que bajé a beber un vaso de agua.

-Pero durmiendo seguro que no bebe. ¡Hija últimamente la noto muy extraña! Además, me pareció escuchar el portón abrirse y cerrarse.

-¡Pues yo no escuché nada! Seguro padre es que soñaba.

-¡Que soñar, ni soñar! todavía no me he acostado, estaba liado con el armario. Al buscar lo extraviado, lo dejé todo revuelto y lo estaba organizando.

-¡Con su permiso padre! voy a acostarme, que tengo sueño.

-Marche, hija. Métase en la cama, que la noto muy cansada y excitada. -El padre no fiándose abrió el portón, a lo lejos se veía una nube de polvo, parecía como si alguien corriera. -¡Seguro que es un animal en celo!

Cerró el portón, y de nuevo se encerró en su habitación, para seguir ordenando el armario ya que no tenía ni pizca de sueño.

Amada atrancó por dentro la puerta, y se asomó al balcón. A lo lejos vio la misma nube de polvo, y pensó que su amorcito seguía corriendo. -¡Aunque no lo entiendo! sus piernas flaqueaban, ¿o estaría fingiendo? seguro no le apetecía tener más sexo. ¡Ay estos hombres! que poco aguantan. -Se metió en la cama, al ratito se oía en el silencio cómo roncaba.

Mientras tanto Rodolfo llegaba a su vieja mansión. Y tenía tal cansancio y sed que iba con la lengua fuera. -¡Un día de estos, el carcamal nos pillará!
Autora Verónica O.M.
Continuará

sábado, 8 de noviembre de 2014

LAS MONEDAS DE PLATA 11

-¡Rodolfo, no hagamos ruido! mi padre no debe escucharnos.

-¡Digo, que debería estar dormido!

-Pero no lo está. -Amada no podía decir más, no quería descubrir que cuándo dormía era porque ella le inducía a un plácido sueño, con la pócima que le dejaba preparada en la cocina, el hombre pensaba que era simple agua.

También Rodolfo se había tomado otro vaso, que Amada le había dejado encima de la mesilla. Con lo que él ya se había tomado por su cuenta, y aquello... Podéis imaginar.

Los jóvenes ya desnudos se tumbaron encima de la cama.

Al rato, Amada le pedía más, él no sabía lo que le pasaba sintiéndose una fiera incansable. Ella, le miró con cara de felicidad una vez acabados varios actos.

-Me debo ir, me ha entrado el sueño.

Diciendo esto, los ojos de ambos miraban con cariño al órgano del sexo.

Se vistieron y con cuidado bajaron la escalera, la puerta de la habitación del padre estaba cerrada, sin duda ya estaría dormido cómo un niño. Pero al abrir el portón...

-¿Quien anda ahí?

Rodolfo salió disparado, corría cómo una liebre, y eso que sus piernas estaban bien flojas. Y se sintió cómo un recién exprimido limón...
Autora Verónica O.M.
Continuará

jueves, 6 de noviembre de 2014

LAS MONEDAS DE PLATA 10

Amada se estaba poniendo nerviosa, ya que al parecer su padre no tenía intención de tan pronto acostarse. Ya estaba por llegar Rodolfo, y el hombre estaba la mar de fresco.
Subió a su habitación, desde allí la vista le alcanzaba para mirar el camino por el que llegaba.

-¡Por ahí viene! y mi padre no se que le pasa que hoy no le entra sueño.
Bajó la escalera,  y en la planta baja estaba el susodicho tan pancho y haciendo algo...


-¿Que hace, padre?

-Se me rompió algo, y recojo los pedazos.

-¿Y ese charco?

-¡Se me derramó el contenido! y lo limpiaré ahora mismo, cuando con esto termine.

Al parecer, aquello debía ser la pócima que ella le preparó para que se quedase frito, se entiende que dormido...

-¡Mamma mía! sin eso hoy no se duerme. Mi viejo si no es con ayuda, por la noche cuenta ovejitas de una en una, y yo no podría tener citas clandestinas con mi amorcito.

-¿Hija, la pasa algo? la noto un poco nerviosilla.

-Nada, padre, son figuraciones suyas, y estoy cómo cualquier otro día. Por cierto ¿hoy no se acuesta?

-No hija, mía. No tengo sueño, se ve que estos días he dormido tanto que tengo reservas. Me voy a la habitación, que me he acordado dónde una cosa había guardado y que hasta ahora no había recordado.

En esas, que Amada aprovechó para salir al exterior, y muy flojito a su amor llamó.

-Rodolfo, entre por Dios. Hágalo muy despacito, suba a mi habitación que ahora mismo voy.

Hizo lo que ella le pedía. -Y pensó- ¿que le pasará hoy al carcamal, que está despierto a estas horas?

Y en esas, el padre salió con algo en la mano. -Mire, hija, estaba perdido desde hace años, y me he acordado en estos momentos. No se que me pasa, que la memoria estoy perdiendo y por lo que veo hoy también el sueño.

-Padre, con su permiso voy a acostarme. -Le dio un beso en la mejilla, el padre ya se dirigía hacia el exterior, se sentaría en una silla dispuesto a tomar el fresco.

Amada subió la escalera muy deprisa, se pisó el vestido y por poco cae de cabeza por ella.

-¿Que es ese ruido, hija mía?

-Nada, padre. Es que subía medio dormida porque me muero de sueño.

Cuando llegó arriba, Rodolfo la esperaba detrás de la puerta.

-¿Que le pasa a su padre, que no está durmiendo?

-Dice que tiene reservas, de tanto cómo en estos días ha dormido. -Sabía a la perfección que era lo que hacía dormir al padre, pero no era cosa de ir contándola. Al derramarse la pócima no quedaba otra que fastidiarse.

Autora Verónica O.M.
Continuará

martes, 4 de noviembre de 2014

LAS MONEDAS DE PLATA 9

Al llegar a su vieja mansión, Rodolfo lo hizo bastante cabreadillo. -¡Ya me vale! media lata, para nada. -Y ahora que hago con esto? -dijo mirándose el órgano sexual.
Se tiró mucho rato, intentando le bajase la hinchazón de su aparato. Y después de lavarse, marchó derechito a la cama pensando en Amada, y con esas se quedó dormido tocándose el ombligo. Soñando tuvo un orgasmo, de esos especiales, y fue mejor de lo esperado.
A las ocho horas de estar durmiendo, llegó Vidal, su amigo.

-¿Puedo entrar? 

-Entre. Ya no estoy con vos enfadado, sigamos con nuestra bonita amistad.

-Llegó el padre a destiempo. -Dijo Vidal.

-Y vos, debajo de la cama. Ya uno no puede fiarse de nadie.

-Pero vos, ya sabe...

-Lo decía, para enfadarle.

-¿Esta noche volverá?

-¿Vos que cree? voy a tomarme lo que me queda. No quiero quedar mal con ella.

-Pienso que abusa de esas cosas. ¿No sería mejor hacerlo sin tomarse esa marranería?

-Sería mejor, no lo dudo. Pero por si acaso, necesito de ello para estar en forma y cumplir. Amada es muy ardiente, y si fallo no se lo que ella de mi pensará.

-Pues que tuvo un gatillazo, cómo cualquier hijo de vecino. ¿O es que piensa que los demás siempre tenemos el aparato tieso. Bueno amigo, me marcho por dónde he venido.

-Hasta mañana, entonces. Vendré para que me cuente, lo digo porque vos puede mucho enseñarme, jaja.

-¡No diga tonterías!

Al cabo de un rato, Vidal se marchó cabizbajo. -Rodolfo ya tiene hembra que le consuela, y yo todavía estoy sin estrenar. ¡No hay derecho!
Autora Verónica O.M.
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lunes, 3 de noviembre de 2014

LAS MONEDAS DE PLATA 8

El padre cerró la puerta de la habitación, se desnudó rápidamente y se metió en la cama dispuesto a echar un sueño.
-¿Este cansancio será por la edad? -
Y se dispuso a dormir, cómo un bendito.

-Rodolfo, ya puede salir. Mi padre ya se ha encerrado en su cuarto, seguro que está roncando. Es de fácil dormir, por suerte para mi.

-Vidal, salgamos. Que me tienen que dar los dos una explicación. Me temo, que se entienden a mis espaldas.

-¡Oh no, mi amor! -dijo Amada. -Quizás pueda parecer lo que no es, vino a decirme que hoy vos no vendría.

-¿Explíqueme, que hacía debajo de la cama? eso es bien extraño. Si vino a decirle... No comprendo que esté en su habitación, y menos ahí metido.

-Le invité a una limonada y a charlar hasta la madrugada. ¿Que mal hay en ello?

-¿Es que me quiere encelar, Amada?

-¡Para nada! Vidal es tan amigo suyo como mio, no creo que esté haciendo mal en nada. Vos ya sabe, que de ideas soy muy avanzada, y si no le parece bien, dejaremos de vernos y querernos. ¡Rediez! ya está bien de tanta mojigatería, que parece vivir en la prehistoria, las mujeres debemos avanzar.


-Está bien, haré como si nada hubiese pasado, aunque aquí  dentro pueda quedarme la duda, de que los dos...

-Si sigue así, espero que se vaya y no vuelva más, o cree lo que le digo, o aquí acaba nuestro idilio. Así que quiero una respuesta ahora mismo.

Rodolfo le miró la cara, y le pareció que ella hablaba muy en serio, la mencionada sensación se la guardó para él, no quería perder a aquella mujercita. Pero quien no iba a librarse era su amigo, y lo haría nada más salir de allí.

-Está bien, Amada. Creo en su palabra, espero volver mañana a verla.

-Hasta mañana amorcito, -¿Y vos, Vidal, no pudo esconderse en otra parte? -Amada le recriminó.

-No se me ocurrió otro sitio, lo siento. -Dijo muy avergonzado. 

-¡Nos vamos! -dijo Rodolfo. Cierre el balcón que entra frío, no vaya a resfriarse, que mañana la quiero sana cómo una pera, para ya sabe...

Los amigos bajaron la escalera muy despacito, al pasar por la puerta de la habitación del padre de ella se escuchaban unos fuertes ronquidos.

-¡Que tío! este no se entera de nada. -Dijo Vidal muy flojito.

Pero cuando salieron a la calle. -¡Mal amigo! ¿que hacía debajo de la cama?

-Amada ya se lo ha dicho. No hice nada malo, muy al contrario, quise a vos hacerle un favor ¿y así me lo paga?

-Dejemos este tema, porque lo quiero olvidar, pero que sea la última vez que lo encuentro en su habitación. Ahí solamente subo yo que soy su amor. Perdóneme Vidal, pero estoy enamorado hasta las trancas de esa bella gacela, vos manténgase a raya, si quiere que continuemos con nuestra amistad.

-¿Amigos otra vez? -preguntó Vidal.

-Amigos. -Dijo un poco dudativo, aunque en el fondo sabía que su amigo era incapaz de una mala acción.

-Aquí nos despedimos, vos se va por una parte, y yo por la otra, ya se me ha pasado este enfado y el anterior, así que puede volver a visitarme cuándo le plazca.

Se abrazaron, y dieron un buen apretón de manos.

-¡Hasta pronto, Vidal!

-¡Hasta pronto, Rodolfo!

Y echaron a andar, cada uno para su domicilio.
Autora Verónica O.M.
Continuará

domingo, 2 de noviembre de 2014

LAS MONEDAS DE PLATA 7

Se besaban con pasión, tenían sus cuerpos muy apretados el uno junto al otro. Amada fue a ponerse encima, con tan mala suerte que de Rodolfo un grito salió de su garganta.

-¡Rediez que dolor! Amada, vos debería tener más cuidado, ¿no ve cómo tengo el pie?

-Perdón mi amorcito. No sabía nada. -Dijo haciéndose la despistada. -¿Que le pasó? -preguntó disimulando.

-Salí a dar un paseo y una piedra me clavé, me dolió horrores.

-¿Y ese calzado, es nuevo?

-Recién estrenado. El otro lo he tirado, se me rompió con la piedra que le he mencionado. Ya el dolor se me ha calmado, ¿por dónde íbamos?

Amada pensó que se quedaría a medias, últimamente era lo que sucedía. Debería ir tomando cartas en el asunto.

El amigo en común, estaba que saltaba. -¡Diantre, que empiecen de una vez! ya tengo ganas de marcharme a dormir. Y hay que ser tonto, estas cosas sólo me pasan a mi.


La joven se desnudó, y las prendas que se quitaba acababan en el suelo.

-¡Esto son las enaguas! -pensó el pobre Vidal, con la sangre caliente y alborotada.

Rodolfo también se desnudó, pero sus prendas encima de la cama quedaron. Con el movimiento, una a una se iban cayendo al suelo. Los grititos de Amada lo estaban poniendo a mil, y él también gritaba, caliente cómo estaba.


Vidal escuchó pasos por la escalera, y aquellos dos ni se enteraban. ¿Cómo avisarles del peligro que corrían? No podía.

-Hija, ya he vuelto. -La voz del padre sonó cómo un trueno.

-Escóndase mi amorcito,  con esto no contábamos.

Rodolfo, recogió todas su prendas y con ellas debajo de la cama se metió. Pero se encontró algo no esperado -¿Vos que hace aquí? -dijo en un susurro. Su mente empezó a pensar mal. -¿Me la están pegando?

A Vidal le empezó a temblar la voz. -No es lo vos os podáis imaginar, que tiene una clara explicación.

-¡Ya se la daré yo cuándo podamos salir de aquí, y nos sacudamos los muertos (pelusa)

-Ya voy. -Se puso una bata y la puerta le abrió. -Padre, me dolía tanto la cabeza que me acosté.

-Pues entonces vuélvase a la cama, que la noto muy sofocada. Unas cuántas, horas de sueño le vendrán que ni pintadas. -La besó en el pelo y bajó derechito para su habitación. -¡Ay que cansado vengo!
Autora Verónica O.M.
Continuará