PERSONAJES DE ESTA HISTORIA CÓMICA

Rodolfo y Amada, protagonistas
Vidal, amigo de los dos
Silvestre hombre que le guia, primo de la gitana a la que busca
Niños, pilluelos de los que no te puedes fiar
Encarna, gitana, prima del guia
Cándido, padre de Amada
Otilia, Oti, madame del burdel
Adelita, fulana que hará de Vidal un hombre
Deseo os guste, y os haga pasar momentos divertidos...

martes, 30 de diciembre de 2014

LAS MONEDAS DE PLATA 41

Desde la lejanía Vidal apreciaba un bulto muy colorido. -Qué será? -se dijo. Pero a medida de que se iba acercando... Vislumbró que el bulto no era tal y si Adelita.
-¿Qué querrá si yo no quiero ni verla? -no quería pero sus pasos iban avanzando hacia ella. -¿Vos que quiere si ya habíamos roto?

-Yo no he roto, ¡fue vos el tonto! en mi trabajo hay que fingir mucho, eso era lo que hacía en aquellos momentos.

-La oí decir cosas que no me gustaron. -Dijo un tanto angustiado.

-¡Ya sabe mi amor que era fingimiento! a ese había que mantenerlo contento para que volviese otro día.

-No quiero que con nadie más se acueste, quédese conmigo y no se arrepentirá nunca.

-¡Me quedo! a ese burdel nunca más vuelvo.

Se besaron, aunque para hacerlo Vidal se agachó para llegar a su boca, que más o menos le quedaba a la altura dónde le quedaba el pecho (me refiero al de él, claro está)
Y abrazados entraron para dentro, aún se pudo escuchar a Adelita lanzar un grito. -¿Qué es esto?
Autora Verónica O.M.
Continuará

viernes, 26 de diciembre de 2014

LAS MONEDAS DE PLATA 40

Se hizo de noche entre lloriqueos y suspiros por parte de Vidal, su amigo ya estaba hasta la mismísima coronilla, al parecer el sufridor no tenía ninguna prisa por marchar, así que de pronto y sin vergüenza alguna decidió ponerlo de patitas en la calle. Aunque utilizó cómo supo su diplomacia.                                              
-¡Vos ya debería recogerse! mañana verá las cosas de manera distinta, márchese y se tome un cuenquito de buen vino, ya verá como dormirá calentito y los malos rollos se disolverán solitos. ¡Ande amigo! -Diciendo esto lo empujaba hacia la calle, así que cuándo se quiso dar cuenta ya estaba en la rue. Y de un golpe Rodolfo cerró la puerta, haciendo un buen ruido al echar un cerrojo que medía sus buenos quince centímetros.

-¡Qué pelmazo! a mi que me importa en los líos que se mete este mequetrefe. -Al escucharse le empezó a remorder la conciencia.

-¡Pobrecillo! lo debe estar pasando mal, aunque debería ser más listo. Mira que quererse amancebar con la tal Adelita, un buen zorrón y eso que la tía no vale ni un pimiento. Yo si que tengo suerte con mi amorcito,  lo que le gusta el sexo a la condenada, con ella jamás pasaré hambre. ¿Y que pasará cuando yo ya no pueda? ¡no quiero ni pensarlo! espero que con la edad ese fuego se la vaya apagando...
Autora Verónica O.M.
Continuará

lunes, 22 de diciembre de 2014

LAS MONEDAS DE PLATA 39

Al poco la tila estaba servida. Rodolfo se sentó enfrente de su amigo, esperaba que soltase la lengua, estaba intrigado con lo que le tenía que contar. Vidal echó en la infusión dos colmadas cucharadas de azúcar, en el primer sorbo se quemó la lengua.
-¡Ay que quemazón! -Una vez enfriada se la tomó de un trago, a  continuación se echó a llorar, estando más rato del necesario.

-¡Ay que desgraciado soy! Adelita es un pendón desorejado, la pillé infraganti, no sabe la de cosas que tuve que escuchar. ¡Si vos ya me lo decía! y yo ni caso, debería pegarme un buen pescozón.
Y dicho y hecho, se lo pegó con toda su fuerza.

-¡Tranquilícese! -Dijo asustado por aquella reacción. -No me hizo caso y ahora me viene llorando. Ella es un zorrón y cómo tal se ha portado, ¿qué esperaba? las hembras cómo ella sólo sirven para una cosa y para nada más. Uno con ellas no se casa.

Vidal notó cómo algo le tiraba detrás en la cabeza, llevó su mano y se encontró con un buen chichón. -¡Qué desgraciado soy! -repitió de nuevo lloriqueando.

-¡No se queje tanto! que vos se lo ha provocado. ¿O no recuerda el pescozón que se ha dado?
Autora Verónica O.M.
Continuará




Con mis mejores deseos para todos.

viernes, 19 de diciembre de 2014

LAS MONEDAS DE PLATA 38

Vidal gritó el nombre de su amigo, aún antes de haber llegado y visto. -¡Rodolfo, a vos necesito! 

Él, que andaba cerca, asomó por una ventana la cabeza. -Qué quiere? ¡hace días que a vos no he visto!

Vidal con las lágrimas ya en sus ojos esperaba le abriese la puerta. Y lo escuchó metiendo una grandísima llave en la misma. -¿Qué le trae por aquí? -¡uf que veo! parece que a vos algo grave le ha sucedido.

Y dicho esto, Vidal empezó a llorar como un crío. -¡Tenía razón, amigo! Adelita no es mujer para mi.

-¡Eso ya se lo dije! aunque vos ningún caso me hizo. -Entre que le prepare una tila para que se tranquilice.

Entró y de un portazo cerró la puerta.

-¡Tenga cuidado! que si la rompe va a entrar frío. Ya sabe que para los arreglos soy completamente nulo.

Se sentó en una cómoda silla de categoría, mientras su amigo le preparaba la tila ofrecida, que deseaba le quitase el frío y las penas. 
Autora Verónica O.M.
Continuará

jueves, 18 de diciembre de 2014

LAS MONEDAS DE PLATA 37

Vidal no tenía ni idea de lo que en el burdel había sucedido tras su marcha... El caballero, viendo la cara que había puesto Adelita y el semblante tan blanco se asustó. -¿Qué ocurre? -se imaginaba eran cosas de mujeres, ciertamente eran bien raras y la que tenía en casa lo era mucho más, la devolvería de buena gana a sus padres si los tuviese, pero en fin... Aunque no estaba descontento del todo, al haber aportado al matrimonio una buena dote. Así que a aguantarse tocaba.

Oti la madame, dejó sus monedas de plata puestas a buen recaudo, que era ni más ni menos que su abultado pecho. Los clientes del burdel, no sabían que allí guardaba lo que durante el día se iba generando y pensaban que tenía una poderosa delantera. Aunque las malas lenguas decían, que era más plana que una tabla y que lo que en apariencia parecía no era, aunque si ser un buen relleno para parecer tener de lo que carecía.

-¿Adelita, que sucede? .preguntó Oti.

-¡Nada! -y gimoteó.

-No me ha respondido. Ande y dispare.

-Vidal, me escuchó pronunciar unas palabras.

-¿Y que, ni que vos fuese de su propiedad?

-¡Nos íbamos a casar! 

-¡No me diga! ¿y cuando me lo iba a decir? -preguntó la madame con cara de pocos amigos.

-Al final de esta semana.

-Y supongo que el trabajo va a dejar. ¿Es así?

-¡Si! -lo pronunció muy flojito. Temía su reacción, después de haberla ayudado tanto no era para menos.

-¡Ni hablar! vos no me deja en la estacada, debo buscarme otra antes de que se vaya.

Adelita se secó los ojos con el vestido, dejando al descubierto sus gordos muslos, el caballero la miraba indecorosamente, si fuese por él se la llevaría otra vez para arriba. Pero bien pensado ya no estaba para semejante trote, además de tener en el bolsillo lo justo para pagar aquel servicio.
Su mujer no le daba gran cosa, ya que no quería fuese con mujeres malas, aunque el que era bien avispado de vez en cuando metía la mano dónde ella guardaba un dineral. Tenía tantas monedas que ni se enteraba cuándo él saqueaba.
Autora Verónica O.M.
Continuará

martes, 16 de diciembre de 2014

LAS MONEDAS DE PLATA 36

Vidal salió de allí a escape, las lágrimas se le salían solas y en momento mojó sus prendas. Pensó que su amigo tenía mucha razón, aquella mujer no era la adecuada. Cuándo se la imaginó, torció la boca en un rictus de dolor, la expresión de su cara había adquirido algo parecido al gesto de la idiotez. -¡Adelita ya no te quiero! -ni él mismo se lo creía.
Echó a andar hacia lo que consideraba su hogar y dónde vivía completamente sólo, ya que su familia hacía poco vivían en el pueblo vecino, habían casi huído hartos de aguantar su terrible desorden. Se habían instalado en una lujosa mansión que ya la quisieran algunos envidiosos del lugar, y cómo todo hay que decirlo se la habían adjudicado mediante el juego al que cómo no... Hicieron trampa.
Pero la suya no era nada del otro mundo, aunque grande si, allí solamente se veían enredos, muchos enredos. Cuándo se casara, la mujer que eligiese debería pegarse un buen hartón de frotar por todas partes.

-¡Me voy a acostar! después iré a ver a Rodolfo para que me consuele con sus sabias palabras. -Y tal como llegó se acostó no pudiendo pegar ojo, aunque aprovechó para descansar las piernas. Aunque eso es mucho decir, ya que las tenía inquietas.

A las cinco de la tarde se levantó de la cama, y vació su vejiga llena a rebosar. Después marchó de visita e iba con la ropa arrugadísima, aunque ni cuenta se dio ya que aquello no tenía para él importancia alguna.
Autora Verónica O.M.
Continuará

jueves, 11 de diciembre de 2014

LAS MONEDAS DE PLATA 35

Vidal esperaba que bajase Adelita, según palabras de la madame Otilia, un caballero requirió sus servicios a última hora. Se le quedó el rostro serio con sólo imaginarlos. Aunque decidió tranquilizarse, se dijo que aquello cambiaría pronto. Se sentó en una silla decidido a esperar y lo hizo debajo de las escaleras. Ganas le dieron de preguntar a Oti, que si Adelita ya le había hecho partícipe de su decisión de dejar el oficio,
aunque no se atrevió a hacerlo.

La madame de vez en cuándo dejaba de ajustar sus cuentas, levantaba los ojos dirigiéndolos a él, se preguntaba que sería lo que le sucedía ya que al parecer lo notaba con cierto nerviosismo. Y no, no se equivocaba en absoluto.

A medida de que pasaban los minutos Vidal cada vez estaba más desesperado, ya no sabía ni cómo sentarse. Cuándo de pronto escuchó hablar a un caballero bajando las escaleras y detrás bajaba ella también.
-¡Si no tuviese mujer la llevaba conmigo! tiene un jugoso sexo que ya lo quisieran algunas, incluida la mía que es más fría que un témpano.

-¡Vos no es menos! tiene una herramienta sexual descomunal, jamás la vi tan grande.

El caballero al oír aquello sonrió, dejando ver sus torcidos dientes.

Vidal se quedó blanco cómo la cera, con unas ganas locas de llorar, sin pensárselo dos veces se plantó delante de las narices de Adelita, que cambió en un segundo de expresión.

-¡No es lo que parece! -dijo ella.

-¡No me diga! aquí acaba lo nuestro. -Dijo gimoteando.

Adelita roja como un pimiento morrón intentaba disimular ante el otro, que miraba a ambos con cara de sorpresa. -¿Quien es, Adelita? -preguntó asombrado de haber presenciado semejante escena.
Autora Verónica O.M.
Continuará

miércoles, 10 de diciembre de 2014

LAS MONEDAS DE PLATA 34

Llegó la noche, los amigos marcharon para estar un rato con sus enamoradas. Cada uno de ellos lanzaba pestes sobre el otro.
Vidal muy cabezón estaba dispuesto a compartir su vida con Adelita, no le hacía maldita gracia que en aquellos momentos estuviese con otros hombres, se dijo que la sacaría de allí inmediatamente. Lo que hacía a otros se lo haría en exclusiva a él. Se quedó más tranquilo llegando a esa conclusión, aunque se acordó de su amigo y el ceño se le frunció. -¡Envidioso! -al decir aquello la saliva le salpicó en un ojo, que él con el puño de la camisa se limpió.

Mientras tanto, Rodolfo llevaba su semblante serio e iba mentalmente hablando sólo, pero al no haber nadie a su lado se dijo que para qué tragarse aquella hiel que le estaba haciendo mal. -¡Será cabrito! prefiere estar con una guarra de esas antes que seguir siendo mi amigo. ¡Se arrepentirá! -sentenció.
Aligeró el paso, a lo lejos vio como las luces de la vieja mansión se fueron apagando, excepto la de la habitación de su enamorada. 
-Ya tengo ganas caray, que la sangre me hierve. Para mi, que eso no tiene que ser bueno para la salud. ¿Será por eso la caída de pelo? 

A los pocos segundos, la vio asomada en el balcón saludándolo, el padre seguro que ya estaba durmiendo, no comprendía cómo un viejo se dormía tan rápidamente, tenía entendido que a cierta edad se dormía poco.

Al llegar al portón se abrió de repente. -¡Que susto!

-¡Ay mi amorcito! que asustadizo es. ¿No ve que he abierto a la vez?

Se dieron un beso y las puntas de sus lenguas se rozaron, parecía como si un calambrazo les hubiese sacudido. Cuándo se sobrepusieron corrieron escaleras arriba, estaban impacientes por estar juntos. Al momento y silenciosamente la puerta fue cerrada por dentro...
Autora Verónica O.M.
Continuará

lunes, 8 de diciembre de 2014

LAS MONEDAS DE PLATA 33

Vidal muy dignamente se marchó de allí, el que hasta ahora había sido su amigo, ya había dejado de serlo en aquellos momentos por entrometido. Iría a acostarse un rato, ya que a la noche de nuevo volvería a estar con su querida Adelita, por la que daría incluso la vida en aquellos momentos.

Mientras tanto Rodolfo se quedó pensativo, su amigo iba a cometer la mayor tontería de su vida y no podía hacer nada. Pegó un golpe en la mesa con genio y....
-¡Ayyy que daño! -Se había lastimado la mano, y cómo era tan blando se quejó un buen rato.
Ya cansado de quejarse calentó agua y la vertió en un gran barreño, se desnudó y se metió en remojo. Con una pastilla de jabón la pasó por el pelo y se lo lavó, y para aclararlo utilizó un gran cazo que metía repetidas veces en el mismo. A continuación le llegó el turno al cuerpo, se le veía bien esmirriado con sus flacas piernas, seguro que debido a tanto ajetreo.

Una vez limpio se secó muy bien secado. -¿Recorcholis que es esto? -El agua de haberse lavado estaba llena de pelos. -¡Que horror, igual que mi padre!
Y desnudo marchó a mirarse a su habitación, dónde había colgado un gran espejo. -¡Cómo no me dé prisa en casarme lo haré calvo!
Y con pena se vistió y de vez en cuando volvía a mirarse, pero aquello le deprimía tanto que decidió que tenía que taparlo. -Se acordó que todavía le dolía la mano. -¡Ayy que daño! - los ojillos le brillaban demasiado. ¿Lloraba? Pensar lo que queráis.
Autora Verónica O.M.
Continuará

LAS MONEDAS DE PLATA 32

Al acercarse a la puerta Vidal gritó -Rodolfo, ábrame.                   
En esos precisos momentos, el mencionado andaba canturreando y al escuchar a su amigo se dijo. -¿Qué querrá? -a la par que abría la puerta. -Entre, amigo, ¿qué quiere a estas horas?

-Tengo que preguntarle algunas cosas y confesarle otras.

-Miedo me da tanta solemnidad.

Entró para dentro, sentándose en una silla de gran estilo y bien cómoda.

Rodolfo se sentó enfrente, e impaciente le preguntó. -¿Vos me dirá?

Vidal carraspeó antes de hablar. -Verá, vos ya sabe que me estrené en aquel burdel. -Se quedó un rato callado no atreviéndose a continuar.

-¡Rediez! continúe que me impaciento.

-Cómo le dije, me estrené en aquel burdel con Adelita, ya sabe...

-¿Ella que tiene que ver en esta conversación?

-¡Todo! estoy enamorado.

-¡Dios mio! mi amigo con una mujer de esas malas. Si no recuerdo mal encima es pequeñita y bien gorda. Pequeñita por decir algo, considero que más parece ser enana y gorda cómo ella sola, si tiene un inmenso trasero y las piernas más gruesas que los jamones que venden por el pueblo.

-¡Pues así y todo la quiero! no me importa lo que vos piense, me casaré con ella en cuánto pueda.

-¡Pues despídase de familia y fortuna! no le dejarán casarse con ella, ni le darán nada de lo que pensaba vos ser dueño.

-De todas formas que más me da. ¡La quiero! y eso es lo único que me importa. Aunque me tenga que ir a vivir a otra parte...

-¡Piénselo Vidal! para casarse hay otras, para lo otro las que se venden por unas monedas.

-¡Me voy a marchar! ya veo que no me comprende.

-Mujeres así no sirven a la hora de formar una familia, están acostumbradas a acostarse con cualquiera y no se adaptan a la vida hogareña.

-Me voy.

-Mujeres cómo esa mejor olvidarse de ellas.

-¡No me voy a olvidar! me casaré, guste o no guste a vos y a mi familia. Le consideraba amigo, aunque ya veo eran figuraciones mías...

-¡Soy su amigo! aunque no le guste lo que digo.

-Adiós Rodolfo, no creo querer volver por aquí otra vez.

-¡Haga lo que quiera! está ofuscado, con ese supuesto amor que encontró hace poco y que le tiene el seso absorbido.
Autora Verónica O.M.
Continuará

viernes, 5 de diciembre de 2014

LAS MONEDAS DE PLATA 31

Cuándo acabaron su encuentro sexual mantuvieron esta conversación. -Vos es una hembra muy importante para mi, ha sido la primera y única, no puedo apartarla del pensamiento y deseo llegue pronto la noche para estar entre sus brazos.

-¡A mi me pasa lo mismo! nunca he conocido un caballero tan cariñoso y complaciente, creo estarme enamorando de vos.

-¡Ay Adelita! ¿y que haremos? la gente es mala por naturaleza, podrían hacernos daño si llegan a saber que nos amamos, vos una puta y yo un caballero de buena familia. Podríamos marchar bien lejos, dónde no nos conozca nadie.

-¡Ay Vidal! no me haga coger ilusiones para después dejarme en la estacada.

-¡Eso Adelita jamás lo haría! soy un caballero de palabra, y más con vos que me tiene cómo loco de tanto amarla.

-¡Pues esperemos un poco más! le debo a Oti haberme sacado de la miseria, por lo menos unos días me costará convencerla, pero después nuestra amistad ya será insalvable. -Dijo con cierta pena.

-A mi familia gracia no le hará que yo me amancebe con una puta, pero peor para ellos, no voy a dejarla escapar. -¿Me quiere mucho, Adelita?

-Muchísimo Vidal, más que a nadie en mi pordiosera vida.

-¡No tan pordiosera!

-¡Ay mi Vidalín! si vos supiera de dónde me sacó.

Y se abrazaron muy fuerte, deseando volver a repetir lo que tanto gustaba a ambos.
Autora Verónica O.M.
Continuará

miércoles, 3 de diciembre de 2014

LAS MONEDAS DE PLATA 30

Mientras Vidal tenía su encuentro sexual con Adelita, Rodolfo esperaba y esperaba que Amada le abriese el portón.
Aquella noche tardaba más que de costumbre, y pensó que el padre no estaría acostado todavía. Cómo así fue.                         -¿Padre hoy no se acuesta?

-¡No tengo sueño!

-Le prepararé una tilita.

-Haga lo que quiera. Últimamente no estoy muy católico, tengo ardores en el estómago y presión en el pecho. Ni bebo, ni fumo, no me lo explico.

-Es humano y tendrá problemas cómo cualquiera. -Diciendo esto se dirigió hacia la cocina, con intención de meterle en la tila la poción para que pronto se durmiese.
-¡Ay lo que me está costando que se acueste! Y Rodolfo seguro que está esperando. ¡Pues que espere! así me hago de valer, no piense que estoy desesperada por meterme en la cama con él. Aunque si soy sincera y ahora que estoy sola, reconozco que me gusta. 

Le llevó la tila casi tibia para que se la bebiese rápidamente, había acelerado el enfriamento vertiendola de un recipiente a otro muchas veces. 

El padre de un trago se la bebió enterita, al momento a su habitación ya se dirigía. Pero antes de hacerlo besó a su adorada hija. -¡Buenas noches, hija!

-¡Buenas noches, padre! que descanse.

El hombre a pasitos cortos se dirigió hacia su habitación.

-¡Ya era hora! por Dios.

A los cinco minutos y a través de la puerta oía sus ronquidos. Y abrió el portón a Rodolfo su amor.

-¿Que sucedía que no abría?

-Mi padre no se acostaba.

Marcharon para arriba, deseando estar juntos y en penumbra, y cómo siempre atrancó la puerta.
Una vez desnudos se tumbaron en la cama, daba pena deshacerla ya que estaba muy bien hecha.
Autora Verónica O.M.
Continuará

martes, 2 de diciembre de 2014

LAS MONEDAS DE PLATA 29

Aquella noche Vidal se acicaló más que de costumbre, ya que esperaba estar con Adelita la mujer de gran trasero y pequeñita. Se personó en el burdel, al verlo Otilia la dueña y madame de aquel antro, se le quedó una cara muy satisfecha, ya que mentalmente contaba las monedas de plata, que Vidal pagaría por los servicios de alguna de sus fulanas.

-¡Hola Otilia!

-¡Caballero! bienvenido otra vez, llamaré a alguna de mis chicas.

-No Otilia, no quiero a cualquiera, quiero a Adelita. Vine a estar con ella.

-Está ocupada, vino otro antes que vos.

Aquello no le gustó demasiado a Vidal, pero aquello tenía que pasar, ya que estaba al servicio de cualquiera que la requiriera.
Decidió esperarla, había que ver lo que tardaba, sin duda aquel caballero se lo estaría pasando de miedo.

Al cabo de una hora poco más o menos, bajaba por la escalera uno medio calvo, el pobre iba con la pierna renqueando, quizás un tirón le daría por culpa de tanto ejercicio sexual.

-Hola Vidal. -Dijo la mujer nada más verlo, sin duda a ella también le gustaría el estar un ratito con tan inexperto caballero.

Se despidió del otro, que había dejado en aquel burdel y con bastante pena sus monedas de plata.

-¡Vamos churumbel!

-¡Vamos Adelita!

Y los dos subieron deprisa escaleras arriba.
Autora Verónica O.M.
Continuará

lunes, 1 de diciembre de 2014

LAS MONEDAS DE PLATA 28

Al caer la noche y a diario, Rodolfo se dirigía a ver a Amada, pensó que seguramente ya estaría impaciente. Cómo así era, aunque...
Se escondió detrás del árbol, esperando que ella le abriese el portón. Allí quedó esperando un largo rato, algo no marchaba cómo debería ya que no hacía acto de aparición. En un principio pensó que estaría dormida, después lo descartó ya que era muy fogosa, y nunca se perdería su cita de amor y sexo.
Esperó y esperó sin atreverse a salir de su escondite, no fuera a ser que el padre lo viese por allí. Aquello le producía temor, pensaba que el carcamal era de armas tomar. -Qué poco lo conocía, en realidad nada.

Al cabo de una hora salió por el balcón, y con la mano le dijo que esperara, estuvo a punto de marchar por dónde había venido, pero no fue capaz.

La joven bajó y le abrió el portón, y con cuidado lo volvió a cerrar, y subieron hacia la habitación. Amada atrancó por dentro la puerta, su padre estaba roncando desde hacía dos horas.

-¿Vos no me da un beso? -Dijo Rodolfo algo escamado, y teniendo la certeza de que allí sucedía algo.

-¡No, no se lo doy! -Dijo muy digna.

-¿Qué le pasa?

-Vos sabrá que hizo mal.

-¡Nada! 

-Pues no es eso, lo que me contaron.

Cada segundo estaba más escamado y pensó rápidamente. -Quizás alguien nos ha visto. -No la comprendo, explíqueme para que entienda. 

-¡Vos es un miserable! y yo una tonta por quererlo.

-Amada no comprendo.

-Los vieron saliendo de semejante lugar.

-¡Ay Amada! ¿era eso? no se preocupe que sólo acompañé a Vidal para que se estrenara, ya que no quería seguir siendo virgen.

-Vidal no es cómo vos que está demasiado estrenado.

Se mosqueó al oír aquello. -Ni cómo vos que perdió el virgo hace tiempo.

Amada al oír aquello se abalanzó sobre él dispuesta a pegarle, pero se arrepintió rápidamente, y se abrazó besándolo en los labios. 

-¡Vamos! aunque primero beberé agua que tengo el gaznate seco.

La joven le entregó el vaso ya prepararado, muy seguro tendrían un placer inmenso.
Autora VerónicaO.M.
Continuará