domingo, 18 de enero de 2015

LAS MONEDAS DE PLATA 46

Acabaron cansados y cómo todavía no era excesivamente tarde decidieron descansar un rato. Lo hicieron abrazados y con  la cabeza de ella apoyada en su brazo derecho.
Su pelo olía a rosas, mejunje comprado a su particular vendedora la gitana Encarna.

A él aquel olor le produjo primero mareo, después sueño. Y se durmió aún sin querer hacerlo, a ella no le quedó más remedio que echarse un sueño. Su enamorado ya no estaba para nada.
Al rato de dormirse se despertó asustada y zarandeó a Rodolfo para que se despertara. -Mi padre podría levantarse.

Se frotó los ojos, ahora que estaba tan a gusto y va su enamorada y le malogra el sueño.

Se vistió corriendo, mientras ella se ponía una larga bata de seda de color rosa, que hacía juego con la colcha, la cual era tan larga que al caminar barría el suelo.

Apartó el sillón orejero, mientras Rodolfo se calzaba las botas.
Bajaron la escalera despacio y con miedo a hacer algún ruido. Y ni con esas...

Se escuchó un gran vozarrón. -¿Quien anda ahí? -Era el padre de ella e iba vestido con un calzón.

No pudieron correr ni esconderse.


-¿Quien es? -Preguntó el padre con cara de pocos amigos.


-Padre yo le explicaré. ¡Deje que marche!


-¡Este malandrín se queda aquí!

Autora Verónica O.M.
Continuará

2 comentarios:

silvo dijo...

Amada cansada es una novedad jeje, le pillaron a ver como sigue la historia, besines!

Verónica O.M. dijo...

Si, una novedad, jaja
Veremos que tal les va.
Besos