viernes, 27 de febrero de 2015

LAS MONEDAS DE PLATA 51

La Adelita toda picarona le guiñó un ojo. Vidal se derretía ante aquella hembra que le había enseñado todo lo que debía de saber en cuestión de cama. La idolatraba, comería por dónde pisaba. Ya quisieran algunas... de mejores familias, más guapas, más altas y más delgadas. Estando tan enamorado para él era la mujer perfecta. Quien se lo iba a decir hace un tiempo, cuándo sentía envidia de que su amigo tuviese quien lo quisiera. Se hubiese contentado con tener una centísima parte de aquello. La abrazó con ímpetu.

Ella se dejó querer. Ni por asomo pudo jamás imaginar que un caballero de buen ver y con capital se fijase en ella. Seguramente que ese Dios al que rezaba había escuchado sus plegarias.

-La quiero, Adelita, tanto que me duele el corazón de hacerlo. No se que haría si no la tuviese. Ya se que he estado sólo mucho tiempo, pero después de conocerla no podría vivir sin vos. ¡Me ha dado y enseñado tanto! -diciendo esto un par de lagrimones le mojaron las cuencas de los ojos.

La mujer que lo miraba se enterneció. Pensó nuevamente la suerte que había por fin alcanzado. Estaba convencida que algo grande había allí en el cielo.
Autora Verónica O.M.
Continuará

4 comentarios:

Armando dijo...

Esto se va poniendo muy tierno. Sin lugar a dudas tiene su moraleja.
Un abrazo.

silvo dijo...

Veo que le vale mucho, eso es lo importante, besines!

Verónica O.M. dijo...

Es cierto, es lo importante, lo demás carece de valor.
Besos

Pluma Roja dijo...

Seguro por ser su primer amor, Vidal se casará con ella. ¿O NO?

Saludos cariñosos Vero.