PERSONAJES DE ESTA HISTORIA CÓMICA

Rodolfo y Amada, protagonistas
Vidal, amigo de los dos
Silvestre hombre que le guia, primo de la gitana a la que busca
Niños, pilluelos de los que no te puedes fiar
Encarna, gitana, prima del guia
Cándido, padre de Amada
Otilia, Oti, madame del burdel
Adelita, fulana que hará de Vidal un hombre
Deseo os guste, y os haga pasar momentos divertidos...

domingo, 25 de enero de 2015

LAS MONEDAS DE PLATA 49

Rodolfo pasó a visitar a su amigo, tenía muchas cosas que contarle. Llamó a la puerta dándole fuertemente con el picaporte de hierro, el cual estaba oxidadísimo. Se miró la mano y la limpió en el calzón. Y dijo en alta voz. -Este Vidal hay que ver lo dejado que es.
Pero su voz interior le taladró los oídos. -Vos no es mucho mejor.

Su rostro dado el gesto se le afeó. Sin duda la había escuchado y no gustado.

Abrió la puerta y lo hizo medio desnudo. -¡Qué impaciencia!

-Lo siento, amigo. Los nervios me pueden...

Entró para adentro. Y se encontró a Adelita con un plumero limpiando el polvo. 

-¿La fulana esta que hace aquí?

-No la falte al respeto. -Dijo a grito pelado. -Ella vive conmigo y yo con ella.

-¡No me lo puedo creer! ¿Ya sabe que estas mujerzuelas no sirven para vivir en la decencia?

-Eso, lo dirá vos. La suya no es mejor. Por lo que cuenta el sexo le gusta más que a las tontas y eso que a todas les da por lo mismo.

-Pero no vive de ello. La suya si.

-Vivía, ya no. Ahora es una donna decente, y no le permito...

-Bueno, amigo, no vamos a reñir, si a vos gusta, nada tengo que añadir. -Lo decía de boca para afuera, todo fuera por conservar su amistad con el amigo de toda la vida.

La Adelita, acostumbrada cómo estaba a todo no se molestó en absoluto. Aquello para ella no tenía la menor importancia y siguió con la faena. De vez en cuándo a Vidal le guiñaba un ojo, cómo diciéndole cuándo se vaya a vos ajustaré las cuentas. 
Esas cuentas a Vidal le encantaban, ya saben él debajo y ella...
Autora Verónica O.M.
Continuará

viernes, 23 de enero de 2015

LAS MONEDAS DE PLATA 48

Cándido seguido por su hija y Rodolfo entraron en la  estancia más iluminada de la vieja mansión. El viejo se sentó en una silla de madera noble, con un dedo señaló dónde ellos debían hacerlo. 

Lo hicieron enfrente de él, temblaban pensando en lo que se les iba a venir encima.


Y los miró con reproche... -Me han tomado el pelo viéndose a hurtadillas sin mi permiso pedir.

-Verá padre... Pensé que a vos no gustara, ya que en sus deseos no entra que me amancebe con cualquier caballero.

-¿Es que piensa por mi?

-¡No! padre no me regañe que me está entrando una jaqueca horrible. Ya sabe que me sucede desde niña.

-¡Lo se! hablemos ya que hablando podemos llegar a un acuerdo. Veamos joven ¿vos que le ofrece a mi hija?

-Le ofrezco mi persona, mi mansión, mis monedas de plata que son muchas y los hijos que lleguen.

-Me parece bien. Quería que se amancebase con otro, pero debido a que ya no está como debería que lo haga con vos. Que sea deprisa no vaya a ser que me arrepienta y la encierre para siempre en sus aposentos. 

-Padre, les quiero mucho a los dos. Y le juramos no se arrepentirá.

-No jure lo que no sabe si el caballero cumplirá.

Todavía nervioso, Rodolfo se lanzó a defenderse. -Le juro que por ella daría mi vida. No se arrepentirá, le doy mi palabra.

-¡Eso está muy bien! aunque no es lo que soñaba. Pero si ella es feliz nada más puedo pedir.
Verónica O.M.
Continuará

jueves, 22 de enero de 2015

LAS MONEDAS DE PLATA 47

Mientras los enamorados esperaban una gran reprimenda por parte del padre de ella, en otro lugar esto mismo acontecía...

Adelita ya se había hecho a la idea de que su amorcito Vidal era un desordenado de mucho cuidado. Esperaba poderlo cambiar aunque sabía que no conseguiría demasiado. Su experiencia la advertía de que un caballero cómo aquel y a su edad, si no había cambiado ya nunca podría hacerlo aunque mucho se esforzara. Pero cabezota cómo ella era, no desistiría hasta sacar provecho de su Vidalín al que tanto quería.


El mencionado estaba que no cogía en su pellejo, ya había conseguido que Adelita se marchase a vivir con él. La quería y adoraba, no importándole para nada los muchos kilos que le caerían encima muchas noches. 
Ella encima, él debajo, la más gorda que sudara...

-La adoro, mi Adelita, ¿Vos por mi que siente?


-Siento de todo, y como si en mi corazón habitase un duende y me dijese: Adelita, este es el caballero por el que has perdido el juicio y te ocurre porque lo amas hasta...


-¿Hasta? 


-Hasta el infinito mi amorcito... Vos es el único al que he querido, aunque fuese una fulana no entregué mi amor a ninguno, ya que dentro de mi imaginaba que un día me llegaría el definitivo, deseo vos sea y sentirme afortunada.


Al oír aquellas palabras a Vidal no le cogía el corazón en el pecho, de lo mucho que se había emocionado.

Empezó a respirar muy profundo, Adelita se asustó de inmediato.
-¿Qué le pasa mi Vidalín? ¿no me vaya a dejar sola ahora, que si se muere yo me muero?

-Ni hablar, mi Adelita. No la dejaré sola ni un momento, no quiero vivir ni un segundo separado de vos.


Y se fundieron en un beso de esos que todos sabemos.
Autora Verónica O.M.
Continuará

domingo, 18 de enero de 2015

LAS MONEDAS DE PLATA 46

Acabaron cansados y cómo todavía no era excesivamente tarde decidieron descansar un rato. Lo hicieron abrazados y con  la cabeza de ella apoyada en su brazo derecho.
Su pelo olía a rosas, mejunje comprado a su particular vendedora la gitana Encarna.

A él aquel olor le produjo primero mareo, después sueño. Y se durmió aún sin querer hacerlo, a ella no le quedó más remedio que echarse un sueño. Su enamorado ya no estaba para nada.
Al rato de dormirse se despertó asustada y zarandeó a Rodolfo para que se despertara. -Mi padre podría levantarse.

Se frotó los ojos, ahora que estaba tan a gusto y va su enamorada y le malogra el sueño.

Se vistió corriendo, mientras ella se ponía una larga bata de seda de color rosa, que hacía juego con la colcha, la cual era tan larga que al caminar barría el suelo.

Apartó el sillón orejero, mientras Rodolfo se calzaba las botas.
Bajaron la escalera despacio y con miedo a hacer algún ruido. Y ni con esas...

Se escuchó un gran vozarrón. -¿Quien anda ahí? -Era el padre de ella e iba vestido con un calzón.

No pudieron correr ni esconderse.


-¿Quien es? -Preguntó el padre con cara de pocos amigos.


-Padre yo le explicaré. ¡Deje que marche!


-¡Este malandrín se queda aquí!

Autora Verónica O.M.
Continuará

sábado, 17 de enero de 2015

LAS MONEDAS DE PLATA 45

El padre de Amada dormía como un bebé, aunque roncaba de forma muy llamativa, en aquellos tiempos nada se sabía de la apnea esa.
Le abrió el portón a su amorcito. Lo esperaba con la puerta entreabierta. Nada más entrar se llevó un dedo a los labios, diciendo con ello que permaneciese en silencio. 
Al llegar a la habitación cerraron y atrancaron la puerta, poniendo un gran sillón de esos orejeros.

Esperaba que la besase, pero permaneció quieto y con la vista baja. -¿A vos que le pasa? ¿no me besa?

-¡Si! lo que pasa es...

-¿Qué es eso tan importante?

-Quisiera pedirla algo y no me atrevo.

-¿Acaso muerdo?

-¡No! Claro que no muerde. -Rodolfo se sentó encima de la cama, arrugando una preciosa colcha de color rosa, la cual tenía unos vaporosos volantes y mucho apresto.

Ella hizo lo mismo y lo miró pícaramente. -¿Qué me quiere pedir? me huelo que algo serio.

-¡Si! muy serio ¿se quiere amancebar conmigo?

-¿Amancebar?

-¡Eso mismo!

-Pero mi padre...

-¡No se preocupe! hablaré de caballero a caballero.

-Mi padre no le quiere.

-Ni yo a él tampoco. 

-Déjeme unos días para pensarlo. Ahora vayamos a hacer esas cositas que tanto nos gustan...

Se desnudaron y taparon con la colcha. Eran jóvenes y la sangre les hervía peligrosamente.
Al poco rato se escucharon sus gemidos. Primero los de ella, más tarde los de él.
Autora Verónica O.M.
Continuará

martes, 13 de enero de 2015

LAS MONEDAS DE PLATA 44

Una vez acabado de cenar lo dejó todo encima de la mesa, no se espanten Rodolfo lo hacía siempre. Fue hacia una maceta de barro y cortó unas hojas de hierbabuena, se las metió en la boca masticándolas. Pretendía que su boca quedase fresca y con buen olor, tenía en mente los besos que compartiría con su enamorada.                                     
Y hacia su mansión se dirigió teniendo que andar un rato. Antes el camino lo hacía a caballo, pero un día el mal bicho se fugó con una potranca. No los volvió a ver más...
Tanto ir y venir sus botas nada le duraban. Había destrozado unas cuantas.
Caminaba... Ni rápido, ni despacio. Hacía tiempo para que el padre de ella ya roncase a su llegada.
-¡Esta noche me declaro! -ese pensamiento le provocó escalofríos una vez tenido.

-Deberé cargar con el viejo y eso no me hace gracia, pero haré de tripas corazón. De hoy no pasa porque en poco tiempo calvo me veo. No creo que Amada me quisiese sin un sólo pelo, si no me querría ni yo... (Qué tonto pensar así, ¿verdad que si? piensa la autora o sea yo)
A una distancia prudencial vio cómo Amada estaba en el balcón. Su padre estaría dormido y no dando la tabarra... 
Autora Verónica O.M.
Continuará

sábado, 10 de enero de 2015

LAS MONEDAS DE PLATA 43

Con el agua preparada para el baño, Rodolfo se desnudó y quedó en calzoncillos, y cómo no... De esos bien largos. Cerró la ventana de un golpetazo ya que tenía miedo a enfriarse. Se metió en el agua y al estar demasiado caliente pegó un grito, suerte que no tenía vecinos ya que los hubiese asustado, pensarían que algo grave le habría pasado. Al no tenerlos susto tampoco...
Con un cazito se echó agua por la cabeza, se la frotó con una pastilla de jabón y restregó con cuidado el pelo, no quería que se le cayesen más de los debidos. Pero ni con esas... En sus manos un gran manojo se le habían quedado, al verlos su corazón se le había acelerado y sus ojos se encendieron.
-¡Rediez! pronto no tengo ni un pelo y todavía estoy sin amancebar. Esta noche me declaro a mi amorcito, que llevo años perdiendo el tiempo...
Después siguió lavándose el cuerpo, se fijó que se estaba quedando en los huesos, más parecía a don Quijote que al jovenzuelo que era no hace tanto... Seguro que debido a esos escarceos de sexo sin freno.
Se secó con una gran toalla. En sus tiempos seguro que era blanca, pero ahora era más bien parda, pero no se daba cuenta al ser corto de vista.
Una vez aseado se dispuso a cenar con cuidado, no quería mancharse y para ello se puso delante un gran trapo que ató al cuello y que cubría todo su cuerpo.

-Parezco un bebé, de esos que te echan la papilla encima si te descuidas. ¡Hay que ser torpe! pero si no me tapo me pongo sucio cómo un cerdo. Estoy deseando amancebarme, casarme que queda más moderno, para ver si Amada me lleva por el buen camino. Estar cómo estoy ya me está cansando. 
VAYA PAR DE AMIGOS TRASTOS, HOY LE TOCA AL OTRO...
Autora Verónica O.M.
Continuará

viernes, 9 de enero de 2015

LAS MONEDAS DE PLATA 42

A la pobre Adelita, por poco le da un síncope al ver el interior de la vivienda. Había muchísimo desorden y el suelo no estaba demasiado limpio, el cual no había visto una escoba desde no se sabía cuándo. El polvo acumulado era tanto que se podía coger con las manos, las oscuras pelusas revoloteaban por todas partes con la corriente que entraba por la puerta abierta. Pero aquello tan sólo era el principio de lo que le quedaba todavía por ver.
Se sentó en una silla para tomar aliento, pero necesitaba algo con urgencia al habérsele secado la garganta quizás debido a los nervios.
-¡Tengo sed! -su lengua la notaba zapatosa.                                                             
Vidal le trajo un cuenco con agua, ella miró continente y contenido, si no hubiese sido por la necesidad que tenía por bebérsela se la hubiese arrojado a la cara a su amorcito. Hizo de tripas corazón y de un sorbo se la bebió, aunque le había dado fatiga al pensar que aquella vasija no estaba del todo limpia.

-¡Parece que a vos no le ha gustado la casa!

-Lo que no me gustó es la suciedad y el desorden. ¡No se equivoque!

-Soy un caballero y vivo solo. ¿Qué quiere Adelita? no sirvo para estar fregoteando. Si me viesen mis familiares y amigos me insultarían por marica y eso sería lo último que querría.

Una vez pasado el primer susto ya estaba preparada para seguir con los siguientes descubrimientos. -Sigamos que ya me he rehecho, enséñeme de cabo a rabo la casa que voy con vos a compartir.

Y dicho y hecho. Primero conoció la planta baja, después la de encima. Y saben... ¡Estaba incluso peor!
Autora Verónica O.M.
Continuará