El padre de Amada carraspeó al verlos besándose...
Se separaron de inmediato pero no del todo. El brazo de Rodolfo se posaba en la estrecha cintura de su amorcito y allí se quedó mucho tiempo.
-No quise pillarles frotándose los morros. -Dijo disculpándose. Les escuché también hablar de esa autora que nos tiene abandonados.
-¿Quien, Padre?
-Creo que es una bloguera o algo así. No entiendo cómo esa mujer tiene tanta imaginación metida en su cabeza. Me gusta...
-¿Le gusta? -preguntó Amada impaciente por saber.
-El amor que pone al canalizar su imaginación. Pero he percibido que algo la inquieta o hace sufrir, aunque no me hagáis demasiado caso. Ah, pero hay algo que me disgusta de ella y es su afición de hacernos hablar así: Vos por aquí, vos por allá. Le declaro la guerra, a partir de ahora hablaré cómo me de la gana. Pero espero que me de un buen final, no me refiero a morirme y si a vivir.
Autora Verónica O.M.
Continuará