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| Bonito dibujo de internet |
El hombre quería recordar cuando era niño...
Y no se le ocurrió otra cosa que bajar la escalera muy deprisa, no supo como se lo montó pero sus piernas se le enredaron haciéndole caer al suelo. Sin ninguna duda pudo ser peor, ya que no se rompió ningún hueso.
En el asfalto se dejó un peine, la dentadura postiza, y la cartera. Aunque el no se dio ni cuenta. Se levantó rápidamente, por aquello de no hacer el ridículo. Al momento había desaparecido de allí.
Otro que desde lejos lo había visto todo...
Fue hasta aquel sitio, al observar que en el suelo algo se le había caído a aquel hombre.
-Joder, un peine. ¿Para que lo quiero si soy calvo? Una dentadura, ¡qué asco! Hostia, una carterita flamante seguro que tiene buena guita. La abrió y se llevó un chasco. Allí dentro solo había una estampita de un santo al que no tenía el gusto de conocer. En la parte de atrás y escrito en mayúsculas:
-SÉ BUENO, NUNCA ROBES, Y SOCORRE A QUIEN LO NECESITE.
Se le quedó mal cuerpo, no tenía ningún interés en llevarse nada de aquello, aunque la cartera al ser nuevecita si pensó en un primer momento quedársela.
Echó a correr con las tres cosas en la mano...
-¡Oiga buen hombre, se le ha caído esto!
Se puso rojo como un demonio, ahora tenía la certeza de que aquel otro lo había visto aterrizar en el suelo. Y disimulando más mal que bien...
-Gracias, ni cuenta me había dado. ¿Porqué no se las quedó usted?
-El peine, para que lo quiero si soy calvo. La dentadura, no es que esté sucia pero para estas cosas soy muy delicado, en mi boca no entra cualquier cosa. Y la cartera, que quiere que le diga a usted... si le soy sincero pensaba llevaba dinero, me encontré con que solo llevaba una estampita de san...
-¿De san qué? -preguntó el otro-
-Eso deberá decírmelo usted.
-No es un santo, es mi hermano disfrazado.
-Ya decía yo no conocerlo. Bueno, que pase un buen día.
-Qué también lo pase usted.
Autora Verónica O.M.







